
Por: Elin Josué Rodríguez
La conservación de la fauna silvestre también comienza dentro de las ciudades, donde especies como la zarigüeya de Virginia (guazalo) buscan refugio entre la vegetación y los espacios naturales que aún sobreviven a la expansión urbana; bajo esta premisa, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) liberó un ejemplar rescatado en una zona residencial de Tegucigalpa y puso en marcha su seguimiento mediante cámaras trampa para observar su adaptación al entorno universitario.
La iniciativa, liderada por el Departamento de Ecología y Recursos Naturales, busca contribuir a la preservación de la biodiversidad y generar información sobre la presencia, movilidad y comportamiento de los mamíferos que habitan en Ciudad Universitaria, explicó el profesor Nhering Ortiz Lobo, quien detalló que el animal fue evaluado antes de su liberación.
“Es un organismo que también reside acá, entonces no vimos, por ejemplo, una necesidad de llevarlo a un centro de rescate, ni tampoco a un zoológico”, señaló Ortiz Lobo, al explicar que el ejemplar presentaba condiciones físicas viables para regresar a un ambiente natural.
La decisión de liberarlo en el campus responde a la existencia de espacios con vegetación y fuentes de alimento que pueden favorecer su adaptación, además de la posibilidad de integrarse a una población de su misma especie, sin embargo, el impacto de su incorporación deberá estudiarse mediante el seguimiento científico.
Cámaras trampa
Uno de los principales aportes a este proceso es el uso de diez cámaras trampa distribuidas en distintos sectores de Ciudad Universitaria, especialmente en áreas con cobertura vegetal y cercanas a quebradas, donde existe mayor posibilidad de registrar el desplazamiento de los animales sin perturbar directamente su comportamiento.
“Nosotros tenemos cámaras trampa para poder dar seguimiento, para ver si realmente el tema de la liberación y la introducción de ese animal dentro de los predios es eficiente y están utilizando el espacio”, explicó el académico.
Como parte del procedimiento, el ejemplar recibió una marca de identificación que permitirá distinguirlo si aparece nuevamente en los registros, mientras las cámaras ayudarán a determinar si permanece en el área, utiliza los espacios disponibles y logra adaptarse a las condiciones del campus.
Esta metodología también permite documentar la presencia de otras especies que comparten el entorno universitario, entre ellas el zorro gris, las ardillas y los conejos, además de zarigüeyas, perros y gatos, según los registros mencionados por el docente, quien indicó que también existen reportes de reptiles y anfibios, aunque todavía es necesario fortalecer su identificación y documentación.
El seguimiento de estos animales constituye una herramienta importante para la investigación ecológica, ya que permite conocer qué especies utilizan los corredores naturales, cómo aprovechan los recursos disponibles y qué medidas pueden contribuir a mantener los espacios verdes como refugios de biodiversidad.

Equilibrio ecológico
Aunque suele ser confundida con una plaga o considerada peligrosa por su apariencia, la zarigüeya cumple funciones relevantes en los ecosistemas, pues su alimentación omnívora incluye frutos, insectos, pequeños animales y otros recursos, por lo que puede contribuir a la dispersión de semillas y al control natural de algunas poblaciones de invertebrados y pequeños vertebrados.
Ortiz Lobo explicó que entre los posibles beneficios de su presencia se encuentra la dispersión de semillas y el consumo de roedores, aunque aclaró que estos efectos deben estudiarse para determinar su importancia dentro del ecosistema de Ciudad Universitaria.
“Vamos a mantener la biodiversidad dentro de las ciudades universitarias en buenas condiciones, teniendo un cambio de flujo, digamos, de genes nuevos dentro de la población de guazalos que ya viven acá”, manifestó el académico, al referirse a la posibilidad de que la incorporación del ejemplar favorezca la diversidad genética de la población local, un efecto que requeriría seguimiento para comprobarse.
La zarigüeya de Virginia, un marsupial nativo de América, también forma parte de los procesos naturales de los ecosistemas urbanos y periurbanos, por lo que su presencia puede ofrecer información valiosa sobre la capacidad de adaptación de la fauna silvestre a ambientes transformados por las actividades humanas.
Dos liberaciones en un mes
El trabajo de conservación desarrollado en el campus incluye otras acciones recientes. De acuerdo con Ortiz Lobo, durante el mes de octubre se habían realizado dos liberaciones de zarigüeyas en Ciudad Universitaria, lo que evidencia la necesidad de continuar documentando los casos de rescate, evaluación y retorno de estos animales a espacios apropiados.
Más allá de la liberación, el seguimiento mediante cámaras trampa permitirá a la UNAH reunir evidencia sobre la utilización de sus áreas verdes y generar información que contribuya a orientar futuras acciones de conservación, investigación y educación ambiental.



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