Lilian, trabajadora de aseo en la UNAH, acompañó a su hija Keilin hasta verla graduarse de enfermera

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Por: Stefanny Peralta

Para muchos, en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) Lilian Cruz es un rostro conocido. Desde hace varios años realiza labores de aseo en la institución, como parte del personal de una empresa privada que brinda este servicio a la Máxima Casa de Estudios, sin embargo, detrás de cada jornada de trabajo existe una historia que pocos conocen: más de dos décadas de esfuerzo para sacar adelante a sus hijos y procurarles las oportunidades educativas que ella no pudo tener.

Durante más de 20 años, Lilian ha trabajado en labores de limpieza en diferentes empresas del rubro. Con su esfuerzo cotidiano acompañó el crecimiento de sus hijos y, especialmente, la formación de Keilin Daniela Cruz, de 27 años, quien recientemente culminó sus estudios universitarios y, en las graduaciones del pasado sábado 19 de septiembre, recibió el título de Licenciada en Enfermería de la UNAH.

Para Lilian, aquel momento fue la culminación de un camino que comenzó cuando su hija era apenas una niña y que estuvo marcado por el trabajo, el acompañamiento y los sacrificios necesarios para que pudiera continuar estudiando.

“Tratar de ayudarla cada día, que no le faltara nada, apoyándola en todo”, recordó Lilian al hablar de la manera en que acompañó a Keilin durante su formación.

Su propia historia ayuda a comprender la dimensión de ese esfuerzo. Lilian tuvo que interrumpir sus estudios y únicamente logró completar la educación primaria hasta sexto grado. Desde entonces, su vida estuvo vinculada al trabajo y a las responsabilidades familiares.

Pero aquello que ella no pudo continuar para sí misma se convirtió en una motivación para sus hijos. Quería que ellos tuvieran la posibilidad de estudiar y construir un futuro diferente. “Esforzarme cada día para darle lo mejor a ella”, expresó al recordar lo que ha significado trabajar durante tantos años.

Cada jornada laboral representó mucho más que una forma de obtener ingresos; era también una manera de contribuir a que sus hijos pudieran continuar con sus estudios y alcanzar metas que para ella alguna vez estuvieron fuera de su alcance. “Siempre hay que estar esforzándose uno para darle lo mejor a ellos, que no les falte nada”, manifestó.

Un logro construido entre madre e hija

Aunque fue Keilin quien recorrió durante años las aulas universitarias, Lilian siente que el título que recibió su hija también forma parte de su propia historia. Detrás de aquella ceremonia estaban las jornadas de trabajo, las preocupaciones y el acompañamiento de una madre que nunca dejó de animarla a continuar.

“Significa mucho para mí porque eso es lo que yo me basé en ella, que ella fuera algo en la vida. Y pues ayudarle cada día a esforzarse para que ella fuera una profesional”, expresó.

Keilin eligió la Licenciatura en Enfermería, una profesión que para su madre tiene un significado especial por la posibilidad de servir y ayudar a otras personas. “Es una carrera que puede ayudarles a los enfermos, a tratar de sanarlos o ayudarles a recuperarse”, señaló Lilian.

Al mirar hacia atrás, Lilian no recuerda únicamente los últimos años de universidad. En su memoria aparecen las distintas etapas que recorrió su hija desde que comenzó su formación académica.

“Recuerdo todo, cuando empezamos desde kínder hasta hoy. Es un logro para mí y para ella porque fuimos esforzándonos cada día hasta llegar a la meta”, manifestó.

La meta finalmente llegó

Durante la ceremonia de graduación de la UNAH, Keilin recibió el título que acredita su formación como Licenciada en Enfermería. Entre los asistentes estaba su madre, quien contempló el resultado de años de esfuerzo y acompañamiento.

Para Lilian, aquella escena representó también la confirmación de que cada sacrificio había valido la pena. La madre reconoce que el camino no fue solamente suyo. Keilin también tuvo que asumir la responsabilidad de formarse profesionalmente y mantenerse firme hasta culminar sus estudios.

“Ella también se esforzó y ella es una muchacha aplicada”, destacó Lilian.

El mensaje de una madre trabajadora

La historia de Lilian también puede reconocerse en la de muchas madres que diariamente trabajan para brindar mejores oportunidades a sus hijos. Por eso, cuando se le preguntó qué consejo daría a quienes atraviesan un camino parecido, su respuesta fue sencilla:

“Que se esfuercen ayudándoles cada día y apoyándolas en todo momento, no dejarlas solas”, aconsejó.

Después de tantos años de trabajo, Lilian sabe que alcanzar una meta requiere constancia. Ella misma ha dedicado más de dos décadas a las labores de limpieza y ha hecho del trabajo una herramienta para acompañar a su familia.

Ahora, mientras observa a su hija convertida en profesional, puede mirar hacia atrás y reconocer que aquel esfuerzo cotidiano tuvo un propósito.

Al dirigirse directamente a Keilin, Lilian resumió en pocas palabras todo lo que significó llegar hasta ese momento:

“Gracias al Señor, pues llegamos a la meta y que la amo mucho”.

No fueron solamente los años de universidad los que condujeron a Keilin hasta su graduación. También estuvieron los años de escuela, las madrugadas y jornadas de trabajo de su madre, las dificultades económicas y la decisión de ambas de continuar hasta el final.

Lilian no pudo avanzar más allá de sexto grado, pero encontró en la educación de sus hijos una manera de proyectar hacia ellos las oportunidades que la vida no le permitió tener.

Hoy, cada vez que una jornada de trabajo comienza en la UNAH, continúa cumpliendo con la labor que ha desempeñado durante tantos años. Pero ahora lleva consigo una satisfacción distinta: saber que una de las personas por las que trabajó durante buena parte de su vida ya es profesional.

Keilin Daniela Cruz llegó a la UNAH como estudiante y salió de sus aulas convertida en Licenciada en Enfermería. Lilian, desde su lugar de trabajo y con más de 20 años de esfuerzo, estuvo allí para acompañarla hasta el momento en que ambas pudieron decir, con orgullo, que habían llegado a la meta.