
Por: Elin Josué Rodríguez
El acceso a los alimentos en Honduras enfrenta uno de sus momentos más delicados de los últimos años, la combinación de los efectos del cambio climático, la volatilidad geopolítica, la pobreza estructural y las debilidades del sistema productivo nacional podrían llevar a que hasta 2.2 millones de personas no tengan asegurado el alimento del día siguiente al cierre de este año, según las proyecciones presentadas por el Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan), de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Durante la presentación de los resultados de diversas investigaciones, la directora del Obsan, María Luisa Rodríguez, junto con los especialistas Fiama García Castillo y Christian Manzanares, expusieron un panorama que evidencia cómo la inseguridad alimentaria ha dejado de ser únicamente un problema de producción para convertirse en una crisis económica, social y de desarrollo que demanda respuestas urgentes del Estado y de todos los sectores del país.
Pobreza
De acuerdo con los datos del observatorio, 6.4 millones de hondureños viven en condiciones de pobreza, de estos, 1.8 millones ya enfrentan una crisis alimentaria, cifra que podría incrementarse hasta 2.2 millones antes de finalizar el año si persisten las actuales condiciones nacionales e internacionales.
Uno de los hallazgos expuestos por Manzanares fue la incorporación del concepto de "crédito de subsistencia", una práctica cada vez más frecuente entre las familias hondureñas que consiste en utilizar tarjetas de crédito para financiar gastos básicos como alimentos, alquiler, servicios y colegiaturas.
El especialista explicó que el aumento del costo de vida ha obligado a los hogares a concentrar la mayor parte de sus ingresos en alimentación, vivienda y transporte, reduciendo la inversión en salud y educación.
El investigador también describió una de las principales contradicciones de la economía hondureña, aunque las remesas familiares crecieron de 5,484 millones de dólares en 2019 a 12,212 millones en 2025, es decir, 2.3 veces más, alrededor de 1.9 millones de personas pasaron a ubicarse en el umbral de la crisis alimentaria.
En ese contexto, señaló que buena parte de la capacidad de compra de los hogares depende de recursos generados fuera del país, ya que las remesas representan aproximadamente el 27 % del Producto Interno Bruto (PIB).
Producción
En materia de producción agrícola, Manzanares sostuvo que Honduras aún está lejos de alcanzar la soberanía alimentaria, explicó que la oferta nacional de alimentos descansa principalmente sobre 408,965 pequeños productores agropecuarios, en su mayoría unidades familiares que producen sin personalidad jurídica ni escalas suficientes para fortalecer el mercado interno.
A ello se suma la baja productividad de los principales granos básicos, el rendimiento promedio por hectárea alcanza apenas 2.3 toneladas en maíz, 1.6 en frijol, 1.7 en sorgo y 4.8 en arroz oro. Según el especialista, estas cifras no responden a limitaciones del suelo, sino a la escasa incorporación de sistemas de riego, innovación tecnológica y asistencia técnica para el sector agrícola.
El análisis también evidenció cambios importantes en el uso del suelo agrícola, mientras los cultivos permanentes ocupan 762,801 hectáreas, casi el doble de las 396,575 hectáreas destinadas a granos básicos, el 80.1 % de esa superficie corresponde a caña de azúcar, reflejando un desplazamiento de los cultivos orientados al consumo interno.
La vulnerabilidad del sector productivo se agrava porque el 91 % de las tierras cultivables depende exclusivamente de las lluvias, mientras apenas el 8.6 % dispone de sistemas de riego.
Acceso
A esta situación se añade que más del 95 % de los productores carece de acceso al financiamiento bancario, limitando sus posibilidades de modernizar la producción y aumentar los rendimientos.
El especialista también llamó la atención sobre las condiciones económicas de quienes producen los alimentos, indicó que el ingreso promedio mensual de un trabajador agrícola ronda los 6,865 lempiras, cantidad que apenas permite cubrir el costo de la canasta básica rural para una familia de tres personas, evidenciando que quienes sostienen la producción nacional son, al mismo tiempo, uno de los sectores más vulnerables.

Emergencia
Tras la presentación de los hallazgos, la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Carmen Julia Fajardo, calificó la situación como una emergencia nacional y afirmó que el país necesita construir una estrategia integral liderada por el Gobierno, pero con la participación de la academia, el sector privado, las organizaciones sociales y la cooperación internacional, recordó que 10 de los 18 departamentos del país ya se encuentran en fase cuatro de emergencia alimentaria.
Por su parte, María Luisa Rodríguez expresó que el país debe evitar avanzar hacia el escenario más crítico de inseguridad alimentaria: la hambruna. Asimismo, hizo un llamado a revisar las estrategias implementadas durante las últimas décadas y señaló que la responsabilidad de esta situación recae en distintos actores nacionales e internacionales, aunque enfatizó que la corrupción ha debilitado de manera sostenida la capacidad institucional para enfrentar el problema.
"Estos datos son para sensibilizar, debemos preguntarnos por qué hemos permitido llegar a una situación en la que millones de personas no tienen garantizada su alimentación y qué decisiones deben tomarse para cambiar esa realidad", reflexionó la directora del Obsan.
En el espacio también se mostraron datos nutricionales de los diferentes grupos poblacionales donde, por un lado, hay obesidad, y por otro, también desnutrición.
La jornada contó con la participación del director del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), Héctor Figueroa, además de representantes de instituciones del Estado, organismos de cooperación y organizaciones de la sociedad civil, quienes conocieron los resultados de las investigaciones desarrolladas por el Obsan y los desafíos que enfrenta Honduras para garantizar el derecho a la alimentación.



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