
Periodista: Clarissa Donaire
Una de las salas del emblemático Paraninfo Universitario, a partir de esta semana se convierte en un espejo crudo, pero esperanzador, de la realidad que viven cientos de miles de hondureños: la exposición Protegiendo vidas: Tejiendo la esperanza desplazamos el miedo, reúne la mirada de 13 artistas nacionales de distintas edades y regiones del país para abordar, una de las crisis humanitarias más silenciadas de Honduras, el desplazamiento forzado por violencia.
La muestra, que fue lanzada en 2024 por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) ha recorrido varias ciudades, y encuentra ahora un anclaje simbólico en la academia. “queríamos traerla a un espacio cultural conducido por la universidad, porque creemos que la audiencia es esencial para comenzar a buscar soluciones al desplazamiento”, explicó Danielle Álvarez, oficial de relaciones externas de Acnur durante la inauguración.
Las obras no solo denuncian, también tejen, como su nombre lo indica, dos hilos narrativos, por un lado, las amenazas, extorsiones, violencia sexual, reclutamiento forzado de niños y niñas, despojo de tierras y control territorial que ejercen grupos criminales tanto en ciudades como en el campo; por el otro, los espacios protectores que surgen en las comunidades, la acogida vecinal, la resiliencia de quien huye con lo puesto, la posibilidad de volver a soñar.
“Esta exhibición refleja la indiferencia hacia el dolor de las familias desplazadas, el temor social a hablar del impacto cotidiano de la violencia, pero también la fortaleza de quienes reconstruyen su vida lejos de su hogar”, señaló el comunicado oficial de la muestra.
El llamado es claro, que cada obra invite a ponerse en el lugar de las víctimas y movilice a la sociedad para transformar estos escenarios, “que las personas puedan confiar en que encontrarán medidas de protección donde estén y, sobre todo, puedan volver a soñar con un futuro prometedor”, señaló la funcionaria de Acnur.
Desplazados por la violencia
El contexto nacional que envuelve la muestra es perturbador; según datos actualizados hasta mediados de 2025, más de 247,000 personas han sido desplazadas internamente en Honduras por violencia generalizada, extorsión y persecución criminal entre 2004 y 2025, esa cifra representa cerca del 2.7 % de la población total del país.
Pero el fenómeno no se queda dentro de las fronteras, de acuerdo con el Estudio de Caracterización del Desplazamiento Interno por Violencia en Honduras (2004-2018), más de 300,000 hondureños han solicitado refugio o asilo en otros países.
Aproximadamente 58,000 hogares han sufrido el desplazamiento de al menos uno de sus integrantes, con mayor incidencia en mujeres (55 %) y menores de 18 años (43 %), la violencia se concentra en zonas urbanas (76.4 % de los casos). Son los departamentos de Cortés, Francisco Morazán, Olancho y Atlántida donde se genera la mayor parte de estos desplazamientos, que en un 55 % de los casos son de carácter intramunicipal.
Asimismo, el estudio refleja que el 82 % de los desplazamientos sucedieron en los departamentos de Cortés, Francisco Morazán, Olancho, Atlántida y Yoro.
Se observa cómo el desplazamiento interno forzado se produce en zonas con mayor concentración de desarrollo económico y de población, pero también en las que se presentan los mayores índices de violencia.
Según este informe, solo el 22 % de los hogares desplazados decidieron denunciar los hechos que les forzaron a dejar sus hogares y prácticamente la mitad de los que no lo hicieron señalaron tener miedo a sufrir represalias, mientras que un tercio consideró que no servía de nada.

Normalizando la violencia
Para César Castillo, coordinador del Observatorio de Migraciones Internacionales de Honduras (OMIH), de la Facultad de Ciencias Sociales, el gran obstáculo es la invisibilización. “Estamos acostumbrados a vivir entre la violencia, muchas veces no se denuncia por temor, simplemente se huye de las propias comunidades”, lamentó.
Castillo enfatizó que urge concientizar a la población y, sobre todo, a los tomadores de decisiones, “no podemos seguir normalizando la violencia, nosotros, junto con Acnur, estamos desarrollando acciones como talleres para aportar a la política pública que se está construyendo”, afirmó.
En esa misma línea, la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Carmen Julia Fajardo, fue contundente y señaló que es preciso avanzar hacia la creación e implementación de una Política de Prevención del Desplazamiento Forzado, porque la Ley para la Prevención, Atención y Protección de las Personas Desplazadas Internamente, aprobada en 2022, no es suficiente.
El arte como acto de resistencia
“Tejiendo la esperanza” no es una muestra para espectadores pasivos, es un llamado a romper el silencio y la indiferencia, cada obra es un testimonio, cada trazo una herida, cada color una posibilidad.
La exposición, inaugurada por la Facultad de Ciencias Sociales y Acnur, permanecerá abierta al público en el Paraninfo Universitario hasta finales de julio, con la esperanza de que quienes la recorran no solo comprendan el dolor del desplazamiento, “queremos aprovechar este espacio justamente para que también empecemos a reflexionar sobre cuál es nuestro rol para transformar este fenómeno que impacta en la vida de miles de hondureños”, finalizó Álvarez.























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