
Por: Nadia Mendoza
El deslizamiento que provocó el colapso de unas bodegas en el sector de Loarque, sobre el Anillo Periférico, fue el resultado de un proceso acumulativo en el que confluyeron condiciones geológicas, lluvias persistentes y posibles deficiencias en las medidas de mitigación y supervisión, coincidieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
La ingeniera civil Aminta Velásquez, docente de la Facultad de Ingeniería, explicó que el fenómeno no puede atribuirse a una única causa, sino a una combinación de factores naturales y humanos que incrementan la vulnerabilidad de la capital.
"En Tegucigalpa lo que tenemos nosotros es una combinación de factores tanto naturales y como humanos también, y juntos crean condiciones que no son las más favorables para nosotros ni para nuestra ciudad", señaló Velásquez, quien explicó que los suelos de Tegucigalpa pierden resistencia conforme aumenta su contenido de humedad, ya que "el agua empieza a actuar como un lubricante entre las partículas, haciendo que se pierda fricción entre el contacto de partícula y partícula".
A lo anterior se suma la presencia de fallas geológicas activas previamente identificadas en el Distrito Central y la acumulación de lluvias durante varias semanas, además, la académica indicó que el crecimiento urbano desordenado y diversas actividades humanas agravan estas condiciones, entre ellas mencionó la construcción de edificaciones sobre o al pie de taludes, la deforestación, la falta de mantenimiento de cunetas y la ausencia de sistemas adecuados de drenaje.
Sobre el caso específico ocurrido en Loarque, Velásquez consideró que aún es prematuro establecer una causa definitiva antes de los informes oficiales de las autoridades competentes, sin embargo, afirmó que lo observado corresponde a un deslizamiento de masa desarrollado durante un largo período.
"Lo más importante a destacar es que no fue algo instantáneo, sino que fue un proceso acumulativo", manifestó, ya que, según explicó, durante años el agua se infiltra en las grietas del talud, debilitando progresivamente los planos de falla hasta que la ladera supera su límite de estabilidad y colapsa.
Asimismo, mencionó que hubo reportes sobre grandes fisuras observadas por trabajadores días antes del accidente, lo que representó una señal de alerta que debió ser atendida. "Esa era una señal de aviso que tenemos nosotros como ingenieros civiles para poder intervenir en este tipo de obras y evitar que el talud ceda", indicó.

Estudiantes de Ingeniería Civil durante una visita de campo.
La importancia de los estudios geotécnicos
Por su parte, Manuel Rodríguez, director del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (Ihcit) de la UNAH, coincidió con la ingeniera en que el evento inició con un desprendimiento de roca favorecido por fracturas preexistentes y la infiltración constante de agua.
"Lo primero que ocurrió fue que se dio un desprendimiento de roca en los materiales en la ladera. Esto se debe a fracturas que ya existen en las rocas que, con el paso del tiempo, el agua que se infiltra desde la parte superior va removiendo materiales, debilitando y haciendo más grandes estas grietas", explicó.
Rodríguez agregó que el tipo de roca presente en la zona, principalmente tobas volcánicas susceptibles a la erosión, junto con los cortes realizados durante la construcción, obligaban a implementar obras de estabilización que probablemente no cumplieron con los requisitos técnicos.
"El estudio de estabilidad del talud arrojaba cuáles eran las obras de mitigación que se debía hacer... seguramente no cumplieron con los requisitos", expresó el especialista, quien también señaló que el deterioro de los drenajes pudo haber contribuido al ingreso de agua en la ladera, acelerando el proceso de inestabilidad.
Ambos expertos coincidieron en que la supervisión durante la ejecución de las obras constituye uno de los principales desafíos. Aunque Honduras cuenta desde 2008 con un Código Hondureño de la Construcción que establece los requisitos mínimos para las obras civiles, Velásquez advirtió que el problema suele presentarse durante la construcción.
"La Alcaldía tiene una capacidad muy limitada para garantizar que lo que se aprobó en papel en realidad es lo que se va a ejecutar en la obra", afirmó la ingeniera, y añadió que, en ocasiones, durante la ejecución se modifican diseños o se reducen costos sin que exista una supervisión suficiente.
Por su parte, Rodríguez también consideró necesario fortalecer los protocolos de evaluación de riesgos antes de otorgar permisos de construcción y revisar las edificaciones existentes en zonas con cortes de talud. "Se debe comenzar a revisar las otras construcciones más cercanas a este evento... porque ahí es el momento en el que se pueden tomar estas medidas de prevención", sostuvo.

Ihcit capacitando a estudiantes de El Salvador.
Papel de la academia
Desde el Departamento de Ingeniería Civil de la UNAH, la ingeniera Velásquez destacó que el papel de la academia no se limita a formar profesionales capaces de diseñar infraestructura segura, la Facultad trabaja para que los futuros ingenieros comprendan la responsabilidad que implica cada decisión técnica y cuenten con herramientas para prevenir desastres asociados a deslizamientos y fallas en obras civiles.
Además, recordó que el conocimiento que se imparte en la Carrera de Ingeniería Civil fortalece la prevención de deslizamientos mediante la cooperación con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), que ha permitido transferir conocimientos especializados a docentes, estudiantes e instituciones nacionales.
"El propósito de esta cooperación es que nosotros recibamos la transferencia de conocimientos de los expertos japoneses que están altamente capacitados en el tema de deslizamientos... y que ese conocimiento también lo podamos transmitir de manera correcta a nuestros estudiantes", afirmó.

Visita de representantes de JICA en un recorrido por la UNAH.
Por su parte, el director del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (Ihcit), Manuel Rodríguez, explicó que la principal contribución de esa unidad académica consiste en brindar respaldo técnico-científico a las instituciones encargadas de la gestión del riesgo.
Señaló que el instituto participa con especialistas en geología, geotecnia y otras disciplinas cuando la Alcaldía del Distrito Central, el Comité Permanente de Contingencias (Copeco) otras entidades del Estado solicitan apoyo para evaluar amenazas naturales o emergencias.
"Nosotros como academia lo que hacemos es el apoyo técnico-científico. Cuando la Alcaldía o Copeco nos solicitan involucrarnos en estos procesos, participamos con especialistas de las diferentes áreas. No nos compete legalmente otorgar permisos, pero sí brindar el acompañamiento y la asesoría técnica para apoyar la toma de decisiones", expresó.
Asimismo, recordó que el Ihcit promueve el uso de herramientas como el mapa municipal de multiamenazas, el cual permite identificar zonas expuestas a deslizamientos e inundaciones y constituye un insumo para la planificación territorial.
Lecciones que deja la tragedia
Entre las principales lecciones, los académicos señalaron la importancia de realizar estudios rigurosos de estabilidad de taludes, supervisar que las obras se ejecuten conforme a los diseños aprobados, mantener en funcionamiento los sistemas de drenaje, atender oportunamente señales de alerta como grietas y filtraciones, y establecer protocolos de evacuación en centros de trabajo e infraestructura crítica.
Desde la academia también hicieron un llamado a consolidar el ordenamiento territorial y a fortalecer la coordinación entre universidades, autoridades y sector privado para reducir el riesgo de que una tragedia similar vuelva a repetirse.
MB



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