Estudiantes de la UNAH leen en las piedras de Copán la historia de los mayas

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Por: Elin Josué Rodríguez

“La historia de Copán no está solamente en los libros, está tallada en piedra”, bajo esa premisa, estudiantes de las carreras de Historia y Antropología, de la Facultad de Ciencias Sociales, viajaron hasta el Parque Arqueológico de Copán para participar en un seminario-taller de epigrafía maya, una experiencia académica que buscó llevar al campo los conocimientos aprendidos en las aulas.

Durante la jornada, los estudiantes se acercaron a uno de los mayores desafíos de la investigación sobre la civilización maya: descifrar e interpretar una escritura que, siglos después, continúa contando historias sobre gobernantes, guerras, rituales, alianzas y poder.

El ejercicio tuvo como uno de sus principales escenarios el Altar Q, monumento emblemático de Copán, erigido en el año 776 d. C. durante el gobierno de Yax Pasaj Chan Yopaat. El altar reúne las representaciones de los 16 gobernantes de la dinastía copaneca y constituye una pieza fundamental para comprender la historia política de la antigua ciudad maya.

Leer la piedra

El seminario fue dirigido por el historiador Arnulfo Ramírez de la Costa, coordinador de la Carrera de Historia y catedrático de la asignatura Historia de América Antigua, en coordinación con el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) y el Instituto Hondureño de Turismo (IHT).

La actividad combinó explicaciones teóricas con observación directa y análisis de los monumentos del sitio arqueológico. Frente a las piedras grabadas, los estudiantes pudieron aproximarse a los glifos no como piezas aisladas de un pasado remoto, sino como documentos históricos.

“El objetivo de esta gira es que los estudiantes vinculen la teoría vista en el aula con el trabajo de campo, Copán es un laboratorio vivo para comprender la escritura, la política y la religión maya”, explicó el historiador Arnulfo Ramírez de la Costa.

La epigrafía, que es el estudio de las inscripciones grabadas sobre materiales como piedra, cerámica o monumentos, permite reconstruir fragmentos de la vida de las sociedades antiguas; en Copán, esa lectura adquiere una dimensión particular: buena parte de la historia de la ciudad quedó escrita sobre sus plazas, altares, estelas y escalinatas.

Para los estudiantes, recorrer esos espacios significó enfrentarse directamente con las fuentes que estudian en las aulas y comprender las dificultades y posibilidades que plantea el trabajo de campo.

ALTARQ

El Altar Q, una dinastía en piedra

En el centro de la experiencia estuvo el Altar Q, el monumento fechado en el siglo VIII que representa a los 16 gobernantes de la dinastía de Copán, en sus lados aparecen sentados los gobernantes, mientras que la inscripción permite establecer una secuencia dinástica fundamental para el estudio de la historia de la ciudad.

Más que un monumento ceremonial, el altar funciona como una suerte de memoria política tallada en piedra: una declaración sobre la continuidad del poder y la legitimidad de la dinastía. Su lectura permite acercarse a la manera en que los antiguos habitantes de Copán concebían el tiempo, el gobierno y la sucesión de sus gobernantes.

Del aula al patrimonio

El Instituto Hondureño de Antropología e Historia brindó acompañamiento técnico y orientaciones relacionadas con la conservación y protección del patrimonio arqueológico, mientras que el Instituto Hondureño de Turismo apoyó la logística necesaria para el desarrollo de la actividad dentro del sitio.

Ramírez de la Costa informó que la gira forma parte de las actividades académicas orientadas a fortalecer la formación práctica de los estudiantes de Historia y Antropología de la UNAH.

Explicó que la experiencia en Copán permitió que los futuros profesionales observaran de primera mano monumentos y registros que constituyen algunas de las fuentes más importantes para estudiar el pasado prehispánico de Honduras.

En Copán, donde la piedra todavía guarda nombres y fechas de hace más de mil años, el ejercicio académico adquirió una dimensión que difícilmente puede reproducirse dentro de un aula.

Los estudiantes llegaron para estudiar los glifos, pero frente al Altar Q, la experiencia también fue otra: aprender a escuchar una historia que sobrevivió siglos escrita sobre piedra.