
Por: Kelssin Vásquez
La estudiante de Contaduría Pública y Finanzas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Yaritza Morales, recibirá por segundo año consecutivo el Premio a la Excelencia Académica Rubén Darío en El Salvador, pero su mirada, sin embargo, está puesta mucho más lejos: aspira a especializarse, incursionar en la gestión pública y, algún día, ocupar espacios públicos y privados desde los cuales pueda contribuir a transformar el país.
Los números siempre han resultado naturales para Yaritza. Desde sus años de educación media encontró en las matemáticas un terreno en el que podía desenvolverse con facilidad y, con el paso del tiempo, esa habilidad terminó orientándola hacia una carrera que combina cálculos, análisis económico, administración y comprensión de las finanzas.
Hoy, como estudiante de Contaduría Pública y Finanzas de la UNAH, esa disciplina académica le permite alcanzar por segunda ocasión y de manera consecutiva uno de los reconocimientos universitarios más importantes de Centroamérica: el Premio a la Excelencia Académica Rubén Darío.
Este 15 de octubre viajará a El Salvador para participar en la ceremonia especial en la que recibirá nuevamente el galardón, acompañada por estudiantes destacados de las instituciones de educación superior de la región.
Para Yaritza, el reconocimiento tiene un significado particular. No solamente confirma años de dedicación al estudio, sino que se suma a una trayectoria en la que los premios comenzaron mucho antes de llegar a la Universidad.
Durante su etapa de educación media obtuvo diferentes distinciones académicas y, ya como estudiante de la UNAH, recibió en 2024 el Premio Padre José Trinidad Reyes, reconocimiento nacional otorgado por su alto rendimiento, y un año después obtuvo por primera vez el Premio Rubén Darío. Ahora vuelve a recibirlo de manera consecutiva.
“Siempre quise ganar un premio centroamericano”, recordó al conversar con Presencia UNAH. Haberlo conseguido una vez fue motivo de satisfacción; hacerlo nuevamente representa la confirmación de un esfuerzo que, asegura, ha procurado mantener durante toda su formación.
De los números al servicio público
Aunque su carrera podría conducirla hacia numerosas áreas profesionales, Morales tiene especial interés por las finanzas públicas.
Le atrae la posibilidad de trabajar en instituciones desde las cuales las decisiones financieras pueden tener efectos directos sobre el desarrollo nacional. Entre los espacios que menciona se encuentran el Banco Central de Honduras (BCH) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) e incluso le atrae la idea de ser en el futuro la rectora de la Máxima Casa de Estudios de Honduras, la UNAH.
También reconoce el valor del sector privado y no descarta adquirir experiencia profesional en una firma auditora, donde considera que podría profundizar sus conocimientos contables y financieros, aunque su inclinación principal está vinculada al servicio público. “Me gusta más la parte pública porque me interesa mucho el servicio a la sociedad. Pienso que eso a uno lo llena”, expresó.
Para ella, estudiar Contaduría Pública y Finanzas va mucho más allá de preparar estados financieros o realizar cálculos. Su formación le ha permitido comprender cómo funcionan los presupuestos, las inversiones, las políticas públicas y la administración de los recursos. Cada lempira invertido, sostiene, debe poder evaluarse en función de los resultados que genera.
Esa visión explica en parte una de sus mayores aspiraciones: participar algún día en la conducción de las finanzas públicas de Honduras. Y no es su único sueño: la academia también está en sus planes. Cuando se le plantea la posibilidad de asumir responsabilidades dentro de la educación superior, Yaritza tampoco cierra la puerta: primero quisiera ser docente.
Después, incluso, podría estar al frente de una institución universitaria. “Considero que soy una buena líder”, afirma con seguridad. Su interés por la academia coincide con otro de sus grandes objetivos: continuar estudiando. Morales aspira a obtener una maestría en el extranjero, preferiblemente mediante una oportunidad académica que amplíe su formación y le permita conocer otras experiencias. Sin embargo, tiene claro que estudiar fuera de Honduras no constituye la única ruta posible.
Si esa oportunidad no llegara inmediatamente, considera continuar su formación en la propia UNAH. Entre las alternativas que llaman su atención figura un posgrado relacionado con formulación de proyectos, además de estudios vinculados con el área actuarial.
Su horizonte académico tampoco termina en una maestría. Aspira a continuar hasta alcanzar un doctorado. Y existe todavía otro proyecto que conserva desde hace años: ser ingeniera civil. Las matemáticas vuelven a aparecer allí como hilo conductor.
Una familia cercana a los números
Yaritza creció en Tegucigalpa en una familia cuyos padres alcanzaron estudios de educación media, pero donde las nuevas generaciones han encontrado en la educación una posibilidad de seguir avanzando.
Su hermana también destaca académicamente y comparte con ella una particular facilidad para las matemáticas. Incluso tiene interés en continuar sus estudios en el campo de la ingeniería civil.
En el caso de Yaritza, aquella habilidad comenzó a hacerse evidente desde el colegio, cuando participaba en actividades y competencias relacionadas con matemáticas. Al ingresar a la UNAH descubrió que esa preparación previa hacía más accesibles asignaturas que para muchos estudiantes suelen representar un desafío, pero atribuye sus resultados no solamente a la facilidad numérica, sino también a la constancia.
La joven está próxima a culminar una carrera cuyo plan de estudios comprende 55 asignaturas y ya piensa en la práctica profesional y en la siguiente etapa de su formación.
Liderar desde los juegos infantiles
Hay una pequeña historia de su infancia que parece anticipar varias de sus aspiraciones actuales. Cuando era niña tenía muñecas, trastecitos y otros juguetes que sus padres le compraban. Le gustaba compartirlos con los niños de su vecindario, pero aquella generosidad tenía una particularidad: también disfrutaba organizar los juegos. Ella tenía los juguetes y, entre risas, recuerda que eso le proporcionaba una especie de “capital” infantil, pero lo verdaderamente importante era otra cosa: le gustaba dirigir.
“A mí siempre me gustó dirigir”, recuerda. La anécdota hoy adquiere un significado distinto, pues aquella niña que organizaba a sus compañeros de juego es ahora una universitaria que habla de dirigir proyectos, participar en la administración pública y, eventualmente, asumir responsabilidades en la academia.
Incluso tuvo una pequeña experiencia como emprendedora después de la pandemia, cuando administró una papelería. Debió abandonarla para concentrarse en sus estudios, pero la experiencia reforzó su interés por la administración, las finanzas y el desarrollo de negocios.
También tuvo la oportunidad de trabajar temporalmente en un área relacionada con su carrera, experiencia que le permitió comprobar que las herramientas adquiridas en las aulas tienen una aplicación concreta en el mundo laboral.
“Que las circunstancias no los hagan rendirse”
A pesar de sus reconocimientos, Morales habla de la vida universitaria sin idealizarla. Ha visto compañeros enfrentarse a dificultades económicas, académicas y personales. También ha observado estudiantes reprobar asignaturas y cursarlas nuevamente hasta conseguir aprobarlas. Por eso, cuando se le pregunta qué mensaje dejaría a otros jóvenes de la UNAH, no habla primero de premios ni de índices académicos, sino de persistencia.
“Que no solo sea iniciar, sino terminar. Que las circunstancias no los hagan rendirse”, expresa.
Para ella, reprobar una clase no define las capacidades de una persona ni determina su futuro académico. Es apenas un resultado obtenido en un momento determinado y existe la posibilidad de volver a intentarlo.
Su propia historia está marcada por metas sucesivas: terminar la carrera, realizar su práctica profesional, continuar con un posgrado, estudiar otra disciplina, trabajar en instituciones vinculadas con la economía nacional y quizá, algún día, asumir responsabilidades de alto nivel. Por ahora, el siguiente paso está a pocas horas de distancia.
Yaritza Morales viajará a El Salvador para recibir nuevamente el Premio Rubén Darío, rodeada de algunos de los estudiantes más sobresalientes de Centroamérica.
Volverá con un nuevo reconocimiento académico, pero también con la misma idea que parece acompañarla desde niña: aprender, liderar y algún día utilizar sus conocimientos para contribuir al país.



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