Vivienda vertical ¿quién puede acceder en Honduras?

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Por: Katherine Ramírez

El acceso a una vivienda digna es un derecho humano que muchos hondureños no pueden ejercer. En el país, el déficit habitacional asciende a 1.7 millones de viviendas, según cifras de la Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (Chico), lo que se traduce en más de 900,000 casas que necesitan ser construidas y una cantidad similar de viviendas que requieren intervención o mejoras.

Para revertir estas estadísticas intervienen múltiples factores económicos, sociales y políticos. En este contexto, diversos sectores buscan alternativas que faciliten el acceso a una vivienda y, frente al modelo tradicional de construcción horizontal, las edificaciones verticales desarrolladas mediante inversión privada han cobrado auge durante los últimos años.

Este modelo apuesta por la optimización del terreno y el aprovechamiento del espacio mediante estructuras de varios niveles destinadas a vivienda, comercio o uso mixto, una alternativa que también responde a la creciente escasez de terrenos disponibles en las principales ciudades del país.

Hasta la fecha, se contabilizan 16 construcciones verticales cuyos edificios superan los 100 metros de altura: 11 en Tegucigalpa y cinco en San Pedro Sula. Estas edificaciones, destinadas a vivienda, arrendamiento o actividades comerciales, representan una alternativa ante la escasez de terrenos seguros y los extensos desplazamientos provocados por el congestionamiento vial, que puede obligar a las personas a invertir entre dos y tres horas para llegar a sus hogares.

Sin embargo, ante el auge de las construcciones de varios pisos surge una pregunta: ¿quiénes pueden acceder a ellas?

Una de las características de estos edificios es su ubicación en sectores céntricos o de alta plusvalía. En Tegucigalpa, por ejemplo, existen torres de condominios en sectores como Lomas del Guijarro y Las Minitas, así como en zonas cercanas al bulevar Suyapa, con edificios que alcanzan entre 20 y 30 pisos.

Además de su ubicación, estos proyectos ofrecen innovaciones y amenidades comunes como espacios de coworking, gimnasios, cines privados, salas de estar, piscinas, áreas para parrilladas y espacios al aire libre para mascotas. También incorporan establecimientos comerciales con el propósito de facilitar el acceso a distintos servicios para sus residentes.

Accesibilidad

¿Cuánto cuesta vivir en una torre? La inversión depende del piso, los metros cuadrados y el número de habitaciones. Por ejemplo, un apartamento de aproximadamente 60 metros cuadrados, con dos habitaciones y ubicado entre los primeros siete pisos, tiene un costo superior a los tres millones de lempiras. Este es el caso del proyecto Céfiro, desarrollado por Constructora Celaque en el anillo periférico de Tegucigalpa.

Para el director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la UNAH, Sergio Zepeda, este tipo de proyectos está vinculado con la capacidad adquisitiva de personas con ingresos medios y altos y no necesariamente con la reducción del déficit habitacional. En un país donde, según las cifras citadas en el reportaje, el 61 % de la población se encuentra en condición de pobreza, el acceso se vuelve limitado, especialmente cuando los edificios están ubicados en zonas exclusivas que elevan los costos de compra y otros gastos asociados.

“Si lo vemos desde el área urbana, la población hondureña gana alrededor de 19,349 lempiras en promedio, lo que todavía evidencia una amplia brecha respecto a las cuotas de estas viviendas, que parten de los 20,000 lempiras mensuales dentro de las edificaciones verticales. Si analizamos el caso de los asalariados públicos, ellos tienen una mayor ventaja porque, en promedio, su salario ronda los 31,000 lempiras. Por otro lado, si nos vamos al sector privado, apenas estamos alcanzando los 20,000 lempiras de ingreso promedio. Esto nos permite entender hacia dónde se dirige la accesibilidad”, explicó Zepeda.

Ante este panorama, el acceso a estas viviendas resulta limitado para una parte importante de la población. Según los datos presentados, incluso un condominio tipo monoambiente, diseñado para una o dos personas, puede tener un precio de entre 60,000 y 70,000 dólares en sus opciones más económicas, mientras que algunos apartamentos alcanzan los 160,000 dólares. A esto se suma una cuota mensual de mantenimiento de aproximadamente 2.5 dólares por cada metro cuadrado adquirido.

Estándares

“Este tipo de construcciones verticales ha sido innovador en nuestro país, principalmente en estas ciudades donde ya no hay espacio y los terrenos son cada vez más escasos. Por eso, la construcción de viviendas se desplaza hacia la periferia”, explicó Jorge Polanco, docente de la Carrera de Arquitectura y especialista en ingeniería estructural, cálculos y diseño de edificaciones.

Polanco señaló que estos edificios promueven el confort interior; sin embargo, “muchas veces estos espacios son reducidos en comparación con una vivienda tradicional. Para aprovechar la altura se construyen edificios con diferentes niveles que funcionan prácticamente como viviendas, pero que muchas veces no satisfacen todas las necesidades habitacionales”.

Por su parte, Zepeda explicó que las construcciones verticales “de una u otra manera generan lo que nosotros conocemos como economías de escala, porque construir masivamente reduce los costos de producción, de maquinaria y de la mano de obra que interviene en el proceso”.

A su criterio, este modelo también puede incidir en el sector de la construcción, pues “hemos observado, por lo menos durante los últimos dos o tres años, que el empleo en este sector ha venido creciendo”.

Estructura

El docente de la Carrera de Arquitectura enfatizó que las edificaciones verticales deben cumplir con estándares de calidad relacionados con la construcción y la seguridad, especialmente debido a las condiciones que deben soportar las estructuras de gran altura.

“También se comienza a innovar en nuestros sistemas constructivos, específicamente en la parte estructural, porque este tipo de edificaciones requiere un diseño que considere la actividad sísmica, la presión del viento, las cargas muertas y las cargas vivas, de acuerdo con el Código Hondureño de la Construcción”, explicó.

Por su parte, David Gutiérrez, ingeniero estructural y docente de la Carrera de Ingeniería Civil, señaló que muchos de estos proyectos utilizan manuales internacionales para su desarrollo, aunque advirtió sobre la necesidad de fortalecer la supervisión y regulación estatal de las construcciones destinadas a usos comerciales y habitacionales.

“Entre los aspectos que deben mejorarse se encuentran las normativas de ejecución, supervisión y seguimiento por parte de las autoridades gubernamentales. Estas deben exigir a las empresas el cumplimiento de las disposiciones”, explicó.

Gobierno

El artículo 178 de la Constitución de la República establece el derecho a una vivienda digna y la responsabilidad del Estado de formular y ejecutar programas de vivienda de interés social. Asimismo, contempla disposiciones relacionadas con el arrendamiento, la utilización del suelo urbano y la construcción de acuerdo con el interés general.

Con la llegada del nuevo Gobierno, este sector fue reestructurado y se creó la Secretaría de Vivienda y Asentamientos Humanos (Seviah), con un enfoque orientado hacia la vivienda social vertical. El plan contempla la construcción de complejos de apartamentos de mediana y alta densidad -edificios de cuatro a ocho pisos o más- mediante subsidios estatales.

El objetivo es que las familias de ingresos bajos y medios puedan vivir dentro de los cascos urbanos, cerca de sus empleos, centros educativos y sistemas de transporte público, con lo que se busca reducir los desplazamientos y evitar el crecimiento desordenado de las ciudades.

De concretarse, este modelo podría contribuir a reducir el déficit habitacional y ampliar el acceso a la vivienda, aunque el desafío será determinar si la vivienda vertical puede convertirse en una alternativa accesible para los sectores que actualmente enfrentan mayores dificultades para adquirir una casa.

Antecedentes

El desarrollo de la vivienda vertical siguió dos vertientes. Una de ellas surgió en Nueva York, donde desde finales del siglo XIX comenzaron a construirse apartamentos de lujo destinados a sectores de altos ingresos. Un ejemplo fue el edificio Ansonia, inaugurado en 1904 como un complejo residencial de 17 pisos.

También surgió un modelo habitacional dirigido a sectores que necesitaban vivienda, especialmente después de las guerras mundiales, debido al crecimiento de la población urbana y la escasez de suelo, dos condiciones que guardan similitudes con algunos de los desafíos que enfrenta Honduras.

Sin embargo, esta segunda vertiente enfrentó dificultades en algunos lugares debido, entre otros factores, a problemas de mantenimiento y gestión pública. En contraste, las torres de lujo se consolidaron como parte de un modelo de vida asociado con la modernidad, la cercanía y el acceso a tecnologías y servicios especializados.

Un caso citado con frecuencia es el de Viena, donde el modelo de vivienda pública y subvencionada tiene sus raíces en la década de 1920, poco después de la Primera Guerra Mundial y de la caída del Imperio austrohúngaro. Actualmente, una parte significativa de sus habitantes reside en viviendas subvencionadas por el sector público, mientras la ciudad mantiene una amplia oferta de vivienda social construida con apoyo estatal y administrada, en parte, por cooperativas de vivienda.

 

 


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