Vinculación sin fronteras: academia, cooperación y tecnología transforman los territorios

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Por: Kelssin Vásquez 

Las expositoras internacionales Angélica Cordero, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Costa Rica, y Sofía Bustos, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, compartieron en Café Presencia experiencias que muestran cómo la articulación entre universidades, comunidades, sector público y cooperación internacional puede ampliar el impacto de la educación superior.

La vinculación universitaria ya no puede concebirse como una actividad aislada de las aulas ni limitada a proyectos ejecutados desde una sola institución. Para la doctora Angélica Cordero, extensionista e investigadora de la UNED, la clave está en articular capacidades, recursos y conocimiento entre universidades, sector público, comunidades y cooperación internacional.

Esa experiencia acumulada durante 17 años de trabajo en vinculación fue uno de los temas abordados durante una entrevista en Café Presencia, espacio de Presencia Universitaria, en el marco del Primer Congreso Nacional de Vinculación Universidad-Sociedad, inaugurado el 14 de octubre por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y que concluirá el 16 de octubre.

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En la conversación también participó la doctora Sofía Bustos, docente y diseñadora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, adscrita a la Facultad de Infraestructura, Hábitat y Creatividad y vinculada con la Carrera de Diseño Gráfico.

Ambas expositoras presentaron experiencias distintas, pero conectadas por una misma idea: la universidad puede ampliar considerablemente su impacto cuando rompe sus propias fronteras institucionales y trabaja de manera colaborativa.

Articular para llegar más lejos

Cordero explicó que uno de los aprendizajes más importantes de su trayectoria ha sido comprobar que la articulación permite alcanzar resultados mayores con los recursos disponibles. “La idea es que, articulándonos, podemos generar un impacto mayor dentro de la sociedad”, señaló.

Actualmente participa en proyectos que reúnen a universidades públicas costarricenses y que incorporan trabajo en territorios, actividades agrícolas, cultivos diversificados y participación intergeneracional. 

Uno de estos procesos involucra al Instituto Tecnológico de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica y la UNED, y se encuentra próximo a completar su cuarto año de ejecución.
La investigadora destacó que las iniciativas deben construirse a partir de las necesidades particulares de cada territorio y no desde soluciones diseñadas previamente desde la academia.

En la UNED, explicó, este enfoque se desarrolla mediante agendas territoriales: primero se identifican las necesidades existentes en una determinada zona y posteriormente se buscan universidades, instituciones públicas, organismos y otros actores con capacidad para aportar soluciones.

“Se identifica cuál es la necesidad del territorio, hacemos esa agenda territorial y después buscamos quién se nos une para hacer trabajo conjunto”, indicó.

Cooperación internacional para movilizar recursos

La experiencia costarricense también muestra que el financiamiento de la vinculación no tiene que depender exclusivamente de los recursos disponibles dentro de cada país.
Cordero ha trabajado durante casi dos décadas con fondos concursables y proyectos de cooperación, experiencia que, aseguró, ha permitido abrir nuevas posibilidades para las universidades y las comunidades.

Entre las iniciativas recientes mencionó la conformación de alianzas con instituciones de Inglaterra y Francia, dirigidas a fortalecer proyectos productivos y territoriales.
Para la académica, una de las mayores oportunidades consiste en comprender que universidades y comunidades pueden participar conjuntamente en fondos internacionales y construir proyectos regionales.

La cooperación, añadió, funciona mejor cuando ya existe una articulación previa entre instituciones y comunidades. Ese es precisamente uno de los elementos que aseguró haber encontrado durante su participación en Honduras.

Cordero destacó la integración observada entre las universidades públicas participantes en el Congreso y consideró que esa capacidad de trabajar conjuntamente constituye una base importante para desarrollar futuras iniciativas.

“Es tanta la armonía que he percibido que ya lo tienen. Es poquito lo que falta para avanzar hacia un fondo de vinculación”, comentó. La experiencia también debe convertirse en conocimiento. (No entiendo)

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Otro aspecto que Cordero considera fundamental es documentar científicamente el trabajo que las universidades realizan con las comunidades. A su juicio, numerosas experiencias de extensión y vinculación generan conocimiento valioso, pero este puede perderse cuando no se sistematiza ni se publica. “Hacemos el trabajo y no lo registramos; entonces esa rica experiencia queda afuera”, señaló.

La investigadora considera que incluso las iniciativas que no alcanzan todos los resultados esperados deben documentarse, porque también pueden convertirse en referencias que permitan aprender de los errores y mejorar futuras intervenciones.

De esta manera, sostiene, la vinculación deja de ser únicamente una actividad desarrollada en territorio y pasa a convertirse también en producción académica y científica.

Prácticas profesionales más allá de las fronteras

Desde Ecuador, Sofía Bustos presentó otra dimensión de esta transformación universitaria: las prácticas preprofesionales remotas. La docente explicó que la Pontificia Universidad Católica del Ecuador comenzó a fortalecer esta modalidad en la Carrera de Diseño Gráfico hace alrededor de tres años, impulsada en parte por los cambios ocurridos después de la pandemia.

La experiencia demostró que los estudiantes podían realizar trabajos para instituciones y organizaciones ubicadas fuera de su entorno inmediato y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades que difícilmente adquirirían mediante una práctica exclusivamente presencial.

“Los estudiantes aprenden a administrar su tiempo, entender otras culturas, otros horarios y otras formas de trabajar en Latinoamérica”, explicó Bustos. La modalidad les permite también desarrollar autonomía, flexibilidad y capacidad para trabajar con equipos ubicados en otros países.

En el caso de los diseñadores gráficos, este proceso contribuye a que los jóvenes comprendan que su futuro profesional no necesariamente depende de conseguir empleo en una agencia o estudio ubicado físicamente en su ciudad. Pueden prestar servicios desde cualquier territorio y trabajar con clientes internacionales.

Profesionales para un mercado global

Bustos considera que esta experiencia prepara a los estudiantes para una realidad laboral cada vez más vinculada con el trabajo remoto y con profesionales capaces de ofrecer sus servicios desde cualquier lugar.

La docente se refirió a la tendencia de los llamados nómadas digitales, profesionales que utilizan la tecnología para trabajar con clientes y organizaciones independientemente de su ubicación geográfica.

Aunque su experiencia se desarrolla fundamentalmente en Diseño Gráfico, aseguró que el modelo puede aplicarse a campos como marketing, publicidad, administración, áreas jurídicas e Ingeniería en Sistemas.

La experiencia también ha permitido que estudiantes aprendan a desenvolverse en organizaciones con recursos económicos limitados. Bustos relató que algunos jóvenes desarrollaron proyectos para organizaciones no gubernamentales que no podían costear determinadas herramientas tecnológicas.

Esto obligó a los estudiantes a buscar programas gratuitos, recursos de libre acceso y alternativas que permitieran cumplir los objetivos sin incrementar los costos.

Ese aprendizaje, aseguró, resulta especialmente importante en América Latina, donde los profesionales frecuentemente deberán trabajar en comunidades e instituciones que no cuentan con todos los recursos deseables.

Inteligencia artificial como herramienta

La conversación en Café Presencia también abordó uno de los temas que actualmente genera mayor discusión en la educación superior: la inteligencia artificial. Tanto Cordero como Bustos coincidieron en que las universidades no deben ignorarla ni prohibirla, sino enseñar a utilizarla con criterio.

“La inteligencia artificial no va a sustituir a la persona; va a potenciarla”, afirmó Cordero.

En la UNED, explicó, su utilización está regulada, pero no prohibida. El desafío de los docentes consiste en diseñar procesos educativos que obliguen al estudiante a razonar y utilizar la tecnología como apoyo, no como sustituto del conocimiento.

Cordero puso como ejemplo el trabajo territorial: una herramienta tecnológica puede procesar información, pero no sustituye la experiencia de visitar una comunidad, analizar el crecimiento de un cultivo, comprender la situación financiera de una pequeña empresa o conocer directamente las condiciones sociales de una población.

Bustos coincidió desde el Diseño Gráfico. Aseguró que sus estudiantes utilizan inteligencia artificial, pero continúan desarrollando capacidades tradicionales como ilustración, composición y conceptualización.

“La usamos como herramienta, pero no como sustitución”, afirmó. Incluso para redactar un buen prompt, añadió, es necesario contar primero con conocimiento técnico y claridad conceptual.

Honduras como espacio para nuevas alianzas

Para ambas académicas, su primera visita a Honduras ha representado también una oportunidad para identificar posibilidades de colaboración futura.

Cordero aseguró haberse sentido acompañada durante el Congreso y destacó el interés que percibe entre docentes y universidades hondureñas por trabajar y contribuir al desarrollo del país.

La comunicación, señaló, resulta fundamental para sostener proyectos internacionales, especialmente cuando los integrantes de los equipos pueden encontrarse separados por miles de kilómetros.

También destacó que los proyectos más sólidos necesitan ser interdisciplinarios, porque las necesidades sociales no pueden ser abordadas desde una sola profesión.

Por su parte, Bustos resaltó las similitudes existentes entre los países latinoamericanos y planteó la necesidad de fortalecer la cooperación académica dentro de la propia región. “Debemos reconocernos como hermanos hispanoamericanos y buscar trabajar en conjunto”, expresó.

Actualmente participa en una investigación con instituciones de El Salvador y manifestó su interés en que futuros proyectos puedan incorporar también a Honduras. 

Para la docente ecuatoriana, las universidades latinoamericanas tienen posibilidades de construir intercambios culturales, académicos y tecnológicos sin depender exclusivamente de referentes externos a la región.

El Primer Congreso Nacional de Vinculación Universidad-Sociedad se convierte así no solamente en un espacio para mostrar proyectos, sino también en un punto de encuentro desde el cual pueden surgir nuevas redes de cooperación.

Las experiencias compartidas por Cordero y Bustos sintetizan precisamente esa posibilidad: universidades que trabajan más allá de sus campus, profesionales capaces de colaborar sin fronteras y conocimiento que se transforma en soluciones cuando academia, sociedad y cooperación encuentran objetivos comunes.