
Por: Elin Josué Rodríguez
El aumento de la Tasa de Política Monetaria (TPM) busca contener las presiones inflacionarias, pero sus efectos también pueden llegar al crédito, la inversión y la producción. Desde la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) advierten que buena parte del problema actual proviene de factores externos que la política monetaria no puede resolver por sí sola, por lo que recomienda pausar nuevos aumentos de la TPM.
En Honduras, el precio del dinero acaba de subir, el Banco Central de Honduras (BCH) elevó la Tasa de Política Monetaria de 5.75 % a 6 %, un incremento de 25 puntos básicos adoptado mientras la inflación interanual alcanzaba el 6.20 % en agosto, por encima del rango meta de 4 % ± 1 punto porcentual, una decisión que llega en un escenario marcado por el encarecimiento del petróleo y los alimentos, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre el comportamiento de la economía mundial.

Sin embargo, detrás de ese porcentaje hay una discusión que va mucho más allá de una cifra monetaria, como contener el avance de los precios sin terminar enfriando una economía que necesita crédito para producir, invertir y generar empleo, y precisamente desde la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) se plantea que controlar la inflación es necesario, pero que frenar la producción no puede convertirse en el costo de esa política.
“En términos técnicos, la lógica de una subida de la TPM es conocida cuando el Banco Central incrementa su tasa de referencia, las instituciones financieras pueden trasladar ese movimiento a sus propias tasas de interés, el crédito se vuelve más caro, disminuye la demanda de financiamiento y, posteriormente, puede reducirse el consumo, enfriando la demanda agregada y contribuyendo a moderar las presiones inflacionarias”, explicó Nancy Ochoa, jefa del Departamento de Banca y Finanzas de la UNAH.
Pero la fotografía hondureña presenta una particularidad, no toda la inflación que enfrenta el país nace de un exceso de consumo interno, de acuerdo con la Nota Económica 010-2026 del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), la inflación núcleo, que excluye alimentos y energía y permite observar mejor las presiones persistentes de la demanda interna, pasó de 3 % en enero a 2.3 % en agosto y permaneció dentro del rango meta, mientras que la inflación de alimentos y energía aumentó de 2 % a 10 %.
Una inflación que llega desde fuera
Por eso el origen del fenómeno importa, Ochoa sostiene que una parte importante de la presión inflacionaria hondureña está relacionada con factores externos, particularmente con el comportamiento de los combustibles y la factura petrolera, que termina trasladándose a distintos sectores mediante los mecanismos de transmisión de precios.
A ello se suma la sequía asociada al fenómeno de El Niño, señalada por el BCH como uno de los factores detrás del incremento de los precios de alimentos y energía; en este escenario, el aumento de los costos de producción termina repercutiendo en los combustibles, el transporte y los alimentos, mientras reduce el poder adquisitivo de los hogares.
De ahí surge una de las principales dificultades de la decisión monetaria, una tasa de interés más alta puede moderar la demanda, pero no puede producir alimentos, revertir una sequía ni reducir por sí misma el precio internacional del petróleo, la propia nota económica advierte que la política monetaria puede limitar los llamados efectos de segunda vuelta de la inflación, pero no solucionar directamente sus causas de oferta.
Además, Honduras no observa este fenómeno aislado del mundo; Estados Unidos, su principal socio comercial y una de las principales fuentes de remesas familiares, también modificó su tasa de referencia el 16 de septiembre, cuando la Reserva Federal la elevó en 25 puntos básicos hasta un rango de entre 3.75 % y 4 %.
El crédito, el otro lado de la decisión
Mientras la política monetaria busca contener los precios, existe otro escenario que comienza a preocupar, el costo que puede trasladarse al financiamiento, una tasa de referencia más elevada puede terminar encareciendo gradualmente los préstamos y dificultando el acceso al crédito para personas y empresas.
Según la jefa del Departamento de Banca y Finanzas, el efecto puede observarse en las tasas activas y pasivas de las instituciones financieras, sin embargo, el impacto no necesariamente será igual para todos, los créditos nuevos contratados a tasas fijas no deberían verse afectados directamente por una modificación posterior de la TPM, mientras que quienes soliciten nuevos financiamientos pueden encontrar un costo mayor.
Así, una familia que busca financiar una vivienda, una persona que necesita un préstamo de consumo o una empresa que pretende ampliar sus operaciones no enfrentan exactamente la misma realidad, cada tipo de crédito tiene condiciones diferenciadas y, de acuerdo con la especialista, la tasa activa promedio ronda actualmente el 12.33 %, aunque existen productos financieros con costos considerablemente superiores, como algunas tarjetas de crédito, cuyos intereses anuales llegan hasta el 50%.
Por otra parte, también aumenta la tasa pasiva, es decir, la remuneración que reciben los ahorradores por mantener sus recursos en las instituciones financieras; no obstante, Ochoa advierte que este beneficio debe analizarse a la luz de la realidad socioeconómica hondureña, donde una buena parte de la población mantiene sus recursos en cuentas de ahorro con rendimientos relativamente bajos.

Cuando el dinero caro llega a la producción
El problema adquiere otra dimensión cuando se observa hacia dónde está dirigido el crédito, la composición de la cartera crediticia hondureña tiene una importante concentración en consumo y comercio, mientras que sectores vinculados directamente con la producción, como agricultura, caza, pesca y minería, reciben una menor canalización de recursos debido, entre otros factores, al riesgo asociado a sus actividades.
En consecuencia, un aumento de las tasas puede tener repercusiones especialmente sensibles para quienes necesitan financiamiento para producir. Si el crédito destinado a esas actividades se encarece, advierte Ochoa, puede terminar afectándose el aparato productivo hondureño, cuya capacidad se ha deteriorado durante las últimas décadas y la insuficiente producción interna ha contribuido a una elevada dependencia de las importaciones.
No obstante, el impacto negativo sobre el crédito y la actividad económica todavía debe observarse como un riesgo y no como un hecho consumado, la información del BCH muestra que el crédito bancario al sector privado creció 8 % interanual en agosto y que el Índice Mensual de Actividad Económica aumentó 4.4 % en julio; la cuestión, por tanto, será determinar si ese dinamismo logra mantenerse durante los próximos meses.
Una economía atrapada entre el petróleo y las tasas
A este escenario se suma una perspectiva de crecimiento más moderada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta para Honduras una expansión real de 3.3 % en 2026, frente al 3.8 % registrado en 2025, y señala entre los factores de desaceleración el impacto de los mayores precios internacionales del petróleo sobre la actividad, el consumo y la inversión.
Por tanto, el riesgo no consiste únicamente en que el crédito se encarezca, sino en que una política monetaria excesivamente restrictiva pueda coincidir con un choque externo que ya está debilitando la capacidad de consumo y producción, la reducción futura de la inflación, además, no demostraría por sí sola que la subida de la TPM fue la causa del descenso, pues también podrían intervenir una eventual caída del petróleo, los efectos estadísticos de base o una recuperación de la oferta agrícola.
Al mismo tiempo, existen razones para observar la estabilidad externa. Al 14 de septiembre de 2026, las reservas internacionales netas alcanzaron los 11,515.6 millones de dólares, equivalentes a 6.6 meses de importaciones de bienes y servicios; sin embargo, ese dato corresponde a antes del incremento de la TPM del 18 de septiembre y, por ello, todavía no permite medir la eficacia de la nueva medida.
El desafío: no combatir un problema creando otro
Ante este panorama, la discusión económica no se reduce a estar a favor o en contra de subir la tasa, el verdadero desafío está en determinar hasta dónde puede utilizarse la política monetaria para contener la inflación sin provocar una restricción innecesaria sobre el crédito y la actividad productiva.
Por ello, la Nota Económica 010-2026 plantea proteger el crédito productivo mediante mecanismos focalizados de garantías, fondos de redescuento y financiamiento dirigido a sectores como las Mipymes, la agricultura, la agroindustria, los exportadores y las actividades generadoras de empleo, el objetivo no sería abaratar el crédito de manera general, sino evitar que proyectos viables queden fuera del mercado por unas condiciones financieras más restrictivas.
Asimismo, se plantea que el estímulo a la inversión no dependa únicamente del precio del dinero; simplificar trámites, fortalecer la seguridad jurídica, garantizar energía a costos competitivos, mejorar la infraestructura, facilitar el acceso oportuno a divisas y ofrecer reglas claras puede contribuir a compensar parte del efecto de una política monetaria restrictiva.
Finalmente, el documento propone atender aquellos factores que una tasa de interés no puede solucionar directamente, fortalecer la producción agrícola, mejorar el almacenamiento y la logística, atender los problemas energéticos y garantizar el abastecimiento, junto con medidas focalizadas para proteger a los hogares más vulnerables.
La pregunta que queda abierta
La subida de la TPM a 6 % coloca a Honduras ante un equilibrio delicado, por un lado, una inflación que supera el rango establecido puede erosionar el poder adquisitivo y deteriorar las expectativas económicas, por otro, un crédito progresivamente más caro puede limitar las decisiones de consumo, inversión y producción.
Desde la UNAH se sostiene que la estabilidad económica no puede medirse únicamente por la capacidad de controlar los precios, sino también por la posibilidad de mantener abiertas las oportunidades de producir, invertir y generar empleo.
Así, mientras el BCH intenta contener las presiones inflacionarias y preservar la estabilidad externa, el desafío para el resto de la política económica será evitar que el remedio monetario termine profundizando las dificultades de una economía que necesita ampliar su capacidad productiva, la discusión, en última instancia, no es únicamente cuánto debe costar el dinero, sino cómo conseguir que ese costo no cierre las puertas al crecimiento.
NM KV



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