
Por: Elin Josué Rodríguez
Honduras se encamina hacia los meses más críticos de un fenómeno de El Niño que continúa fortaleciéndose y que, según las proyecciones analizadas por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), podría alcanzar una intensidad muy fuerte de octubre a noviembre de 2026 y prolongarse hasta los primeros meses de 2027.
El Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (Ihcit), a través de su Unidad de Meteorología y Cambio Climático, señala que durante junio las condiciones de El Niño se intensificaron, con temperaturas de la superficie del océano Pacífico ecuatorial superiores a lo normal, el índice de la región Niño 3.4 alcanzó +1.2 °C, un comportamiento asociado actualmente con una intensidad moderada.
Pero el escenario podría cambiar en los próximos meses, los modelos de predicción apuntan a un fortalecimiento progresivo del fenómeno y existe una probabilidad del 81 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante octubre y noviembre, mientras que la probabilidad de que persista hasta los primeros meses de 2027 llega al 97 %.
Para Joaquín Gómez, jefe de la Estación Meteorológica y Experimental Nabil Kawas, de la UNAH, el momento de mayor calentamiento podría concentrarse entre agosto, septiembre y octubre, tras analizar las proyecciones actuales.
La Universidad ha recurrido a registros históricos para comprender qué podría ocurrir en Honduras, los episodios de 1982, 1997, 2015 y 2023 son considerados años análogos al fenómeno que actualmente se desarrolla. Los datos de precipitación recopilados por la estación meteorológica de la UNAH desde 1969 permiten comparar esos períodos y construir escenarios para los meses venideros.
Las primeras señales ya están presentes, de acuerdo con los registros analizados por la UNAH, las lluvias de mayo, junio y julio se mantuvieron por debajo de los promedios históricos. En la estación de Ciudad Universitaria, junio cerró con una disminución cercana al 40 % respecto a la media, mientras julio registró alrededor de un 35 % menos de lluvia.
Agosto tampoco ofrece, por ahora, un panorama alentador, hasta el 14 de agosto, la estación Nabil Kawas había registrado apenas 0.5 milímetros de precipitación, una cantidad considerada muy baja. Para septiembre se proyecta una recuperación parcial de las lluvias, pero todavía por debajo del promedio histórico, que supera los 150 milímetros.
La disminución de las precipitaciones tiene consecuencias que van mucho más allá de los registros meteorológicos. Josué Mejía, docente de Meteorología de la UNAH, advierte que la sequía ya representa una amenaza para las comunidades del corredor seco, donde numerosas familias dependen de cultivos destinados al autoconsumo.
Agua e inseguridad alimentaria
“Los impactos están más orientados al tema de que cuando está el fenómeno de El Niño, las precipitaciones tienden a disminuir”, explicó Mejía, y agregó que la falta de lluvia puede provocar pérdidas de cultivos, muerte de ganado por escasez de agua y pastos y, posteriormente, un incremento de la inseguridad alimentaria.
El problema también alcanzará a las ciudades; en el Distrito Central, la menor disponibilidad de agua podría traducirse en interrupciones del servicio, una situación que, según Mejía, ya comienza a experimentarse. “Aquí vamos a tener problemas con el tema del agua”, advirtió, al señalar que la población debe prepararse para períodos de suspensión y asumir un uso más responsable del recurso.
Ante este escenario, los especialistas de la UNAH llaman a fortalecer la planificación del recurso hídrico, especialmente en municipios y comunidades agrícolas, para la población, las recomendaciones incluyen reducir el desperdicio doméstico, cerrar los grifos cuando no se utilizan, tomar duchas más cortas y reutilizar el agua cuando sea posible.
Calor
El fenómeno también puede traer temperaturas más elevadas y episodios de calor extremo. Mejía recomienda mantener una adecuada hidratación, reducir la exposición al sol durante las horas de mayor radiación y prestar especial atención a niños menores de cinco años y adultos mayores, considerados entre los grupos más vulnerables ante las altas temperaturas.
El mensaje de los especialistas universitarios es claro: Honduras tiene por delante varios meses de condiciones climáticas adversas, la información científica permite anticipar el escenario, pero la magnitud de sus consecuencias dependerá también de la capacidad de las instituciones, productores y ciudadanía para administrar el agua, proteger los medios de subsistencia y prepararse para una temporada de lluvias por debajo de lo normal.



Comentarios