Piezas milenarias recuperan su historia gracias a la alianza entre la UNAH y el INAH de México

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Periodista: Elin Josué Rodríguez

Entre pinceles, bisturís y horas de paciente observación, antiguas vasijas, incensarios y piezas ceremoniales recuperadas en Morolica, Choluteca, vuelven poco a poco a revelar la historia de los pueblos que habitaron el sur de Honduras hace más de mil años. En el Laboratorio Arqueológico de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), cada fragmento restaurado no solo recupera su forma, sino también parte de la memoria colectiva de una comunidad que pronto volverá a encontrarse con su pasado.

Ese proceso de recuperación histórica es posible gracias a la colaboración entre la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAH y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía "Manuel del Castillo Negrete", del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

Del 13 al 24 de julio de 2026, la doctora Isabel Medina González y la restauradora Mónica Pinillos Balboa desarrollan una estancia académica en Honduras para fortalecer los trabajos de conservación de las piezas arqueológicas halladas en Morolica. 

La visita forma parte del proyecto "Puesta en valor del Patrimonio Cultural Comunitario del municipio de Morolica, Choluteca", impulsado por el Departamento y la Carrera de Antropología de la UNAH, con el respaldo de los Fondos Concursables para Investigación Científica y Tecnológica de la Diciht, la iniciativa no solo busca preservar los bienes arqueológicos recuperados durante las excavaciones, sino también devolver este patrimonio a la comunidad mediante la creación de un museo comunitario. 

Durante varias jornadas de trabajo en el Laboratorio Arqueológico de la Universidad, especialistas, docentes y estudiantes han intervenido vasos policromos, incensarios, tapas ceremoniales, ollas y otros objetos cerámicos que permanecieron enterrados durante siglos, cada pieza exige un tratamiento distinto, una observación minuciosa y un profundo respeto por su autenticidad.

Para Mónica Pinillos, restauradora del Seminario Taller de Conservación Arqueológica del INAH, el trabajo desarrollado en Honduras ha representado una experiencia de intercambio profesional y humano que trasciende las fronteras.

"La colaboración internacional genera muchísima riqueza cultural, venimos con la idea de compartir conocimientos, pero también aprendemos de los investigadores hondureños, de los estudiantes y de las comunidades", expresó.

La especialista explicó que el proceso de restauración ha permitido acompañar las piezas desde la microexcavación hasta la reintegración cromática, cuando esta resulta necesaria, sin embargo, aclaró que el propósito nunca es reconstruir artificialmente los objetos, sino devolverles una lectura visual que permita comprender cómo fueron concebidos originalmente sin alterar su autenticidad "queremos que las personas puedan observarlas, entenderlas y sentirse orgullosas de que forman parte de su patrimonio", afirmó.

Más allá del aspecto estético, la restauración también aporta nuevos conocimientos científicos, la limpieza de las piezas ha permitido identificar detalles tecnológicos y decorativos que antes permanecían ocultos, generando nuevas preguntas para el equipo arqueológico responsable de la investigación.

Las evidencias recuperadas corresponden preliminarmente a ocupaciones del Clásico Medio y Clásico Tardío; sin embargo, la determinación de la cultura específica continúa en análisis, ya que requiere estudiar no solo la cerámica, sino también el contexto arqueológico completo donde fueron encontrados los materiales.

Cooperación que forma profesionales

Para la doctora Isabel Medina González, la experiencia representa un ejemplo de cooperación sur-sur, donde el intercambio académico beneficia por igual a ambas instituciones.

La investigadora destacó que el proyecto reúne a la Facultad de Ciencias Sociales, al Departamento y la Carrera de Antropología de la UNAH, junto con especialistas del INAH de México, en un esfuerzo que combina investigación, conservación, docencia y vinculación con las comunidades.

"Uno piensa que viene a enseñar, pero termina aprendiendo; ese intercambio permanente es una de las mayores riquezas de este tipo de proyectos", manifestó.

La académica resaltó además que el trabajo desarrollado en Morolica incorpora un fuerte componente educativo, ya que estudiantes hondureños participan directamente en los procesos de limpieza, documentación y conservación de las colecciones arqueológicas bajo la orientación de especialistas internacionales.

El patrimonio vuelve a casa

Uno de los objetivos centrales del proyecto consiste en que las piezas restauradas permanezcan en su territorio de origen mediante la creación de un museo comunitario, una iniciativa que permitirá a los habitantes conocer, proteger y apropiarse de su historia.

Para Medina González, esta tendencia cobra cada vez más fuerza en América Latina porque acerca el patrimonio a las comunidades que lo resguardan y fortalece su identidad cultural.

La investigadora considera que la conservación comienza cuando las personas conocen el valor de los bienes arqueológicos, por ello, subrayó la importancia de sensibilizar a las comunidades sobre los riesgos del saqueo y de las excavaciones ilícitas, prácticas que destruyen información científica invaluable sobre las sociedades del pasado.

"Cuando una comunidad comprende el valor de su patrimonio, también entiende que protegerlo es proteger parte de su propia historia", sostuvo.

Un legado para las nuevas generaciones

Además del trabajo científico, ambas especialistas coincidieron en que la experiencia deja una valiosa enseñanza para quienes se forman en la UNAH, el contacto directo con las piezas arqueológicas, la investigación rigurosa y el intercambio permanente con expertos internacionales fortalecen las capacidades de los futuros profesionales hondureños dedicados a la arqueología y la conservación.

Tanto Isabel Medina González como Mónica Pinillos agradecieron el respaldo de las autoridades universitarias, de la Decanatura de Ciencias Sociales, del Departamento y la Carrera de Antropología, así como el compromiso de docentes, estudiantes y personal técnico que participa en el proyecto.

Más allá de la restauración de objetos, ambas consideran que la cooperación entre la UNAH y el INAH está contribuyendo a preservar una historia compartida por los pueblos mesoamericanos.

Cada pieza recuperada representa una oportunidad para comprender mejor el pasado, fortalecer la investigación científica y acercar ese legado a las comunidades que hoy son sus principales guardianas.