Obsan UNAH: La inseguridad alimentaria en Honduras persiste como un fenómeno crónico pese a la recuperación pospandémica

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Por: Nadia Mendoza

Aunque Honduras ha registrado una reducción del 42 % en el número de personas en fase de crisis alimentaria prolongada (Fase 3+) entre diciembre de 2020 y diciembre de 2024; el país enfrenta un problema que dista mucho de estar resuelto.

Según un boletín del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan), adscrito al Instituto de Investigaciones Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales, la inseguridad alimentaria se mantiene como un fenómeno crónico-estructural que se intensifica con cada evento climático o económico.

Al respecto, la coordinadora del Obsan, María Luisa García, aclara que no se puede hablar de una mejoría absoluta en las condiciones de vida de la población tras los impactos combinados de las tormentas tropicales Eta e Iota, la pandemia por COVID-19 y diversos factores geopolíticos.

"Después de estos fenómenos algún sector de la población hondureña manifestó una leve mejora en sus medios de vida luego de la pandemia, porque se fueron reincorporando al mercado laboral, dentro de los sectores formal e informal, lo que provocó que disminuyera la cantidad de personas viviendo en inseguridad alimentaria y nutricional”, explicó la especialista. No obstante, advirtió que "aún las cifras al 2026 reflejan que 10 de los 18 departamentos de Honduras están en la fase de crisis alimentaria, población que alcanza los 1.8 millones".

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Una recuperación desigual

Los datos presentados por el Obsan destacan que, mientras los departamentos del centro y el occidente muestran mejoras, zonas como el corredor seco, el Litoral Atlántico y, particularmente, el departamento de Gracias a Dios, mantienen prevalencias persistentemente elevadas.

Sobre la crítica situación de Gracias a Dios, que se ha mantenido en una posición vulnerable desde el año 2020, la coordinadora subrayó la necesidad de un cambio en el abordaje estatal.

"Debe haber una coordinación institucional, para que las intervenciones sean oportunas. Estas estrategias deberán ser abordadas de las multicausalidades que provocan la situación de inseguridad alimentaria y nutricional", sugirió.

El camino urgente hacia la seguridad alimentaria

El boletín del Obsan enfatiza que la vulnerabilidad socioeconómica persiste, alimentada por la pobreza multidimensional y una precaria capacidad de absorción del mercado laboral, donde el 57.3 % de la población económicamente activa enfrentaba condiciones de subocupación en el primer trimestre de 2024.

Ante este panorama, García señala que el Estado debe priorizar medidas urgentes para romper el ciclo de vulnerabilidad; entre sus recomendaciones destacan: "Fortalecer el agro y los mercados locales, estrategias adaptadas al cambio climático, apoyar a mujeres jefes de hogar con programas de desarrollo agrícola, implementación de cajas rurales, proporcionar al sector préstamos con bajos intereses, tecnificar el campo y ofrecer asistencia técnica, crear fuentes de empleo, mejorar la infraestructura, proporcionar acceso a la tierra y mejorar la gestión de los recursos naturales".

El estudio concluye que, si bien la mejora en el nivel de evidencia del análisis es una señal positiva, el país debe priorizar la asistencia y los programas productivos en los focos persistentes identificados para enfrentar una problemática que sigue condicionando el desarrollo nacional. Para ver el boletín del Obsan-UNAH, ingresar AQUÍ.