
Periodista: Cristina Canahuati
Acuñada por primera vez en 1926, la moneda hondureña, denominada lempira, cumple un siglo de historia. Fue introducida inicialmente como una moneda de plata, marcada con la figura de un indígena emplumado de perfil. Posteriormente, se emitió como papel moneda, en el cual se podía apreciar la imagen del indio Lempira de pie, con su característico arco y flecha, el número 1 y el escudo de Honduras; en el reverso, se observaban figuras de estelas mayas. Esta emisión se realizó durante el gobierno de Miguel Paz Barahona.
Jesús de las Heras, historiador y coordinador de Conservación de Colecciones Patrimoniales de la Dirección de Cultura, relató parte de esta historia: “Fue el 3 de abril de 1926 cuando Honduras adoptó su moneda definitiva y oficial. Sin embargo, por costumbre y uso, muchos seguimos utilizando la palabra ‘peso’, aunque la moneda se llame lempira. El primer papel moneda con esta denominación fue emitido en 1932; curiosamente, el primer billete fue el de 5 lempiras, con el rostro de Francisco Morazán, y no el del indio Lempira, ya que en ese momento aún no se definía claramente su representación”.
La moneda en Honduras surgió como resultado de la necesidad de contar con un sistema económico estable y propio que facilitara el comercio y las transacciones dentro del país.
De las Heras explicó que esta historia se remonta a la llegada de los españoles. Antes de la colonización, las civilizaciones indígenas utilizaban el trueque como sistema de intercambio, empleando cacao, plumas de aves exóticas y jade como medios de valor.
Con la colonización española en el siglo XVI, Honduras adoptó la moneda española, principalmente el real de plata, acuñado en la Casa de la Moneda de México y en otras colonias. Estas monedas eran de uso común en toda la Capitanía General de Guatemala, a la cual pertenecía Honduras, como parte del Virreinato de la Nueva España. De esta forma, se introdujo el uso de monedas europeas en el territorio.
Posteriormente, se incorporaron denominaciones de 5, 10, 20 y 50 centavos, así como la moneda de 1 lempira, facilitando el intercambio de bienes y servicios, que de otro modo habría sido lento y complejo.
El historiador también señaló que el billete ha experimentado múltiples transformaciones a lo largo del tiempo, pasando de diseños sobrios y de colores oscuros a versiones más modernas, como el actual billete de tonalidad roja, que muestra una representación de la cultura lenca más cercana a la figura del indio Lempira.
Asimismo, comentó que el billete de fondo rojo surgió alrededor de la década de 1970, momento en el que dejó de parecerse a los diseños europeos para adoptar una identidad más auténtica y representativa del país. Más allá de su valor económico, la moneda constituye un elemento cultural que refleja la historia, la sociedad y los orígenes de Honduras.
Antes de 1950, la emisión de billetes estaba en manos de bancos privados. Sin embargo, con la fundación del Banco Central de Honduras (BCH), el 1 de julio de 1950, el Estado asumió el control exclusivo de la política monetaria.
En este sentido, el historiador destacó que la moneda es mucho más que un simple objeto de papel o metal; representa la infraestructura invisible sobre la cual se sustenta toda la actividad económica de una nación, por lo que es fundamental contar con un sistema sólido.
En cuanto a la evolución de las denominaciones, a lo largo de la historia se han introducido billetes de L1, L2, L5, L10, L20, L50, L100, L200 y L500. El billete de L 200 fue incorporado en años recientes y ha tenido dos modificaciones: una con la imagen de las guacamayas, ave nacional de Honduras, y otra con el rostro de la ecologista Berta Cáceres. Por su parte, el billete de L500 entró en circulación a principios de 1998.



Comentarios