Satélite Morazán supera el anodizado y acerca a Honduras a la órbita de la historia

Encabezado Presencia Universitaria43

Periodista: Yuri Vargas Elvir

Un grupo de estudiantes y docentes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) en Ciudad Universitaria logró esta semana el anodizado de una pequeña pieza de aluminio de grado espacial, similar a las que conformarán el Satélite Morazán.

La prueba superada con éxito por Christopher Velásquez Villafranca, Marlon Velásquez y Julio López, pasantes de Ingeniería Química; junto al ingeniero mecánico Wenceslao Bejarano, y los docentes Ramón Ordóñez y Rafael Mejía, del Departamento de Ingeniería Química, es producto de ocho meses de planificación y representa un hito trascendental para la institución y para Honduras, que está cada vez más cerca de poner en órbita su primer satélite y convertirse en uno de los 80 países del mundo y el tercero de Centroamérica en alcanzar dicha hazaña, permitiendo la detección temprana de fenómenos naturales para su oportuna prevención o mitigación.

Según explicó Fernando Zorto, coordinador del Proyecto Morazán, el anodizado consiste en un recubrimiento de óxido de aluminio duro y protector que aísla la conducción térmica superficial del aluminio para evitar que los componentes del objeto espacial se dañen por las temperaturas extremas del espacio.

En ese sentido resaltó que dicho proceso electroquímico no se realiza actualmente en la industria hondureña, sino que la perfilería anodizada que se utiliza proviene de países como Guatemala o Costa Rica, por lo que este hito además de cumplir con un requisito exigido por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), abre la puerta al desarrollo de nuevas capacidades tecnológicas a nivel nacional.

“En Honduras no existía ninguna industria nacional que pudiera soportar este proceso. Hoy podemos decir que dominamos la técnica y que esta puede extrapolarse a la industria”, acotó con evidente orgullo Zorto.

Hondureño desde la estructura hasta el conocimiento

El ingeniero Zorto recordó que el Satélite Morazán es un CubeSat de 10 x 10 x 10 centímetros, completamente diseñado y fabricado en Honduras, en un trabajo colaborativo entre la Facultad de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Espaciales (Faces) de la Alma Máter, que además conecta talentos de Ciudad Universitaria y de UNAH Cortés. 

“Las piezas metálicas que conforman la estructura deben anodizarse para garantizar que el objeto pueda ir al espacio. Y el mismo equipo que logró esta prueba será el encargado de anodizar las piezas finales del satélite”, explicó.

El también director del Instituto de Investigaciones en Ciencias Aplicadas y Tecnológicas (IICAT), detalló que el proyecto ya cuenta con todos los componentes principales, avanza en la fabricación de las placas electrónicas y se trabaja en la construcción del cuarto limpio donde se ensamblará el satélite, espacio único de su tipo en la región que, al igual que la estación terrena contará con tecnología de primer mundo.

“Estas infraestructuras no son solo para el satélite, están a disposición de cualquier investigador o proyecto que las necesite. Al final, somos universidad, y nuestro rol es conectar personas y generar capacidades para una sociedad más tecnológica”, afirmó.

Wenceslao Bejarano: del sueño infantil al espacio

Entre quienes lideran la parte técnica del proyecto está Wenceslao Bejarano, ingeniero mecánico hondureño que con solo 27 años es responsable, junto a su colega Reinel Galindo, de los procesos de testeo y creación de protocolos. Su historia parece sacada de un libro, pero es profundamente real.

“Desde muy chiquito soñé con el espacio. Como todos los niños, yo quería ser astronauta, pero cuando uno crece en Honduras, siente que eso está demasiado lejos, que no es para nosotros”, recuerda.

Aunque ese sueño quedó en pausa mientras estudiaba Ingeniería Mecánica, casi al final de su carrera apareció el Proyecto Morazán y la chispita volvió a encenderse con la posibilidad de convertirse en ingeniero en sistemas espaciales.

Gracias a la iniciativa el integrante del equipo inicial de 14 universitarios que pusieron a disposición su tiempo y talento obtuvo una beca para estudiar una Maestría en Sistemas Espaciales en el Instituto Tecnológico de Kyutech, en Japón, una de las universidades con mayor prestigio en el desarrollo de CubeSats en Asia. Allí trabajó con satélites reales, algunos de los cuales ya han sido lanzados al espacio.

“Tuve en mis manos satélites que ya orbitan la Tierra. Hace poco se lanzó uno desde la Estación Espacial Internacional y ahí va un poquito de mí”, dice con una mezcla de humildad y emoción.

Tras dos años en Japón, una madrugada de octubre de 2025, aquel joven soñador regresó a Honduras, listo para aportar sus conocimientos e inspirar a otros hondureños y hondureñas a luchar por lo que quieren, sin importar las limitaciones.

Como especialista en el tema espacial indicó que el Satélite Morazán tiene varias misiones, pero más allá de la ingeniería, la principal es abrir el sector espacial en Honduras.

Formación que trasciende el aula

El proyecto involucra actualmente a unos 20 estudiantes de distintas ingenierías que dedican su tiempo libre para reunirse en las instalaciones del IICAT, donde con el acompañamiento de profesionales como Bejarano y Zorto desarrollan sistemas de inventario, de transferencia de imágenes a través de radiofrecuencias y de módulos de potencia, entre otros.

“Es una tarea con gran responsabilidad. Es estresante, pero te reta a ir más allá de lo que ves en las clases normales”, dice Samuel Viera, de Ingeniería Eléctrica.

“Aquí uno puede aplicar lo que aprende en algo real, algo que va a servir. Eso no tiene precio”, sostiene Andy Rodríguez, estudiante de la misma carrera.

Mientras tanto, para Noé Bernardo González, encargado de la comunicación satélite-tierra, esta experiencia a la que dedica alrededor de cinco horas diarias es transformadora y al ser práctica le ha permitido aprender más en muchos cursos”.

Los expertos explicaron que el Satélite Morazán no será un objeto simbólico, sino que en temporada de invierno permitirá reducir daños por inundaciones, mediante el monitoreo de cuencas como la del río Ulúa, y en verano recopilará información sobre olas de calor y sequías, datos clave para que las autoridades tomen decisiones basadas en evidencia científica.

“Estamos extremadamente orgullosos de lo que se ha logrado. Nada de esto existía antes. Hoy tenemos capacidades, talento y una visión clara”, sostuvo Zorto.

“Después de este, pueden venir dos, tres, una constelación completa. Lo más difícil ya se hizo: empezar”, acotó Bejarano.

Y así, desde un laboratorio de la UNAH, Honduras comienza a escribir su propia historia aeroespacial, impulsada por sueños de infancia, esfuerzo colectivo y la convicción de que el espacio también puede ver con ojos hondureños.


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