
Por: Clarissa Donaire
Con el propósito de fortalecer las competencias investigativas de la comunidad estudiantil y fomentar el uso de materiales respetuosos con el medio ambiente, el Grupo de Investigación en Construcción de Obras de Infraestructura Sostenible (GI-COIS), perteneciente al Departamento de Arquitectura de la Facultad de Humanidades y Artes, impulsa diversos proyectos enfocados en la edificación rural sostenible.
Esta iniciativa surge como un espacio para preparar a los futuros profesionales de la arquitectura desde las aulas, brindándoles herramientas clave para su desarrollo académico y profesional.
"Esta es una iniciativa que estamos tratando de fortalecer. Fomentar la investigación de manera que cuando egresen de Arquitectura tengan mayores opciones para optar a una beca, porque generar experiencias de investigación genera un peso académico muy valioso para los estudiantes", destacó el profesor investigador Jorge Corea, coordinador del Laboratorio de Sostenibilidad Aplicada.
Actualmente, el proyecto cuenta con un equipo de aproximadamente 22 estudiantes voluntarios que concentran sus esfuerzos en tres líneas de trabajo: el Bloque de Tierra Comprimida (BTC), el uso constructivo del bambú y el desarrollo de paredes o muros verdes. Asimismo, el equipo ha comenzado a explorar una nueva línea de investigación orientada a la experimentación con arcilla y cerámica.
El trabajo práctico y el rigor científico constituyen el eje central del laboratorio, donde la experimentación permite convertir los aciertos y errores en metodologías de trabajo sustentadas en estándares y normativas constructivas.
"Todos los miércoles nos reunimos para trabajar en las propuestas de investigación y experimentar con los materiales. Los ensayos para nosotros son muy importantes, porque de los errores que cometemos nace una metodología de trabajo para luego basarnos en las normativas", explicó Corea.
El coordinador también subrayó la importancia de revalorizar las técnicas tradicionales en la arquitectura contemporánea: "Es bueno no perder ese conocimiento ancestral. La tierra no debe estudiarse únicamente como patrimonio que debemos conservar, sino también como material constructivo que debemos investigar, comprender, innovar y proyectar hacia el futuro".
El crecimiento académico del grupo se ha fortalecido mediante su participación en eventos científicos y formativos, entre ellos el Primer Congreso de Construcción con Tierra, celebrado en 2024 en Ciudad Universitaria, y el Segundo Seminario Mesoamericano de Arquitectura y Construcción con Tierra (Semacot 2025), realizado en Costa Rica. Además, sus integrantes han recibido capacitaciones impartidas por especialistas internacionales en Bloques de Tierra Comprimida (BTC), procedentes de Argentina y México, y recientemente contaron con la visita de una experta en tierra vertida.
A nivel territorial, el laboratorio fortalece alianzas y vínculos de cooperación con organizaciones como la Fundación San Alonso Rodríguez (FSAR), en Colón, y la Fundación Hábitat de Honduras, lo que abre espacios para que los estudiantes realicen prácticas y apliquen sus conocimientos en comunidades.
Interdisciplinariedad y potencial para el desarrollo rural
El impacto de las investigaciones desarrolladas en el laboratorio trasciende el campo de la arquitectura y se enriquece mediante el trabajo conjunto con otras unidades académicas de la Máxima Casa de Estudios.
Daniel Ulloa, estudiante de Arquitectura e integrante del GI-COIS, compartió los avances alcanzados en los proyectos orientados a promover alternativas sostenibles para la construcción rural en el país y destacó el respaldo recibido de estudiantes y docentes de otras carreras.
"Contamos con el apoyo de la Carrera de Biología, quienes nos dieron una charla sobre plantas que ayudó a los compañeros que están investigando paredes verdes. Con Ciencias Espaciales se trabaja en un proyecto para hacer un reloj solar unifilar, y también contamos con el apoyo del maestro Miguel Romero, coordinador de la Carrera de Artes Visuales", detalló Ulloa.
Respecto al potencial de los recursos naturales del entorno hondureño, el estudiante investigador resaltó las propiedades del bambú como una alternativa viable para el desarrollo de infraestructura en el país.
"Las propiedades del bambú permiten el desarrollo de sistemas estructurales, pues su potencial arquitectónico puede sobresalir en nuestro país como ha hecho en otras partes del mundo, ya que es un recurso natural renovable y sostenible", concluyó Ulloa.
Investigaciones frente al calor urbano
Según datos proporcionados por los investigadores, Tegucigalpa experimenta el fenómeno de isla de calor urbano, con una diferencia térmica de 2.8 °C en su núcleo urbano respecto a las zonas rurales circundantes ubicadas a la misma altitud.
De acuerdo con el análisis de imágenes satelitales Landsat, correspondientes al período 2023-2026, el núcleo de la ciudad alcanza una temperatura superficial diurna de 39.4 °C durante la estación seca, mientras que las áreas rurales utilizadas como referencia registran 36.6 °C.
Esta diferencia evidencia cómo la expansión urbana, la escasez de vegetación y la concentración de materiales que absorben y retienen el calor contribuyen al incremento de las temperaturas en la capital hondureña.



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