
Por: Esdras Diaz Madrid
La incorporación de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior representa uno de los mayores retos para las universidades en la actualidad, más que aceptar o rechazar estas herramientas, el desafío consiste en definir cómo utilizarlas de manera ética, crítica y responsable para fortalecer, y no sustituir, el trabajo intelectual que caracteriza a la academia.
Así lo planteó la doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y estudiosa del tema, Adriana Hernández, durante una conversación sobre el impacto de la inteligencia artificial en el ámbito universitario, en el marco de su visita a Honduras a una serie de actos académicos.
Para Hernández, aunque actualmente existe un gran interés por la inteligencia artificial generativa, se trata de un proceso que no surgió de manera repentina, sino que forma parte de una evolución tecnológica construida durante décadas, aduce, probablemente a la altura de la invención de la imprenta por Gutenberg en 1440, el impacto de la Revolución Industrial o la llegada del internet.
La especialista explicó que, al igual que ocurrió con otras innovaciones tecnológicas, la inteligencia artificial está modificando las prácticas académicas y obligando a las universidades a replantear su forma de enseñar, aprender e investigar.
Indicó que diversas instituciones de educación superior, particularmente algunas universidades escandinavas, adoptaron inicialmente una postura de apertura total hacia la inteligencia artificial. Sin embargo, posteriormente comenzaron a reconsiderar esa estrategia, no para rechazar la tecnología, sino para reflexionar sobre sus alcances, límites y formas de implementación. En el caso de México, señaló que la inteligencia artificial generativa también ha comenzado a incorporarse de manera importante en las universidades.
Desafíos
Uno de los principales desafíos identificados por Hernández tiene relación con la manera en que la inteligencia artificial puede afectar los procesos de aprendizaje cuando sustituye el esfuerzo intelectual del estudiante.
Explicó que el aprendizaje no depende únicamente del pensamiento crítico o de la creatividad, sino también del error, de la equivocación y de la posibilidad de enfrentar dificultades durante el proceso de construcción del conocimiento.
"La inteligencia artificial aparece como un saber completo", afirmó, al tiempo que advirtió que precisamente esa aparente ausencia de errores constituye uno de sus principales riesgos dentro de la educación. Para ella “el error” constituye parte de la naturaleza humana, pues permite formular nuevas preguntas, reflexionar y desarrollar capacidades cognitivas que forman parte esencial de la formación universitaria.
Brecha tecnológica
La académica también abordó las desigualdades existentes en el acceso a estas herramientas, recordó que América Latina enfrenta profundas brechas sociales, económicas y tecnológicas que limitan el acceso tanto a la educación superior como a internet, dispositivos tecnológicos e inteligencia artificial.
Aunque reconoció que estas limitaciones representan un desafío importante, señaló que el problema no radica únicamente en quién puede acceder a la tecnología, sino en garantizar que las personas continúen desarrollando su propio pensamiento y no dependan exclusivamente de respuestas generadas por sistemas automatizados.
Actualización docente
Hernández sostuvo que las universidades también deben fortalecer la formación de sus docentes para que puedan incorporar las nuevas tecnologías con criterios pedagógicos y éticos.
Por otro lado, también reconoció que todavía existe resistencia entre algunos sectores académicos frente al uso de estas herramientas, especialmente entre generaciones que muestran mayor cautela ante los cambios tecnológicos.
No obstante, consideró que las instituciones de educación superior deben acercar a sus comunidades académicas al conocimiento y uso de la inteligencia artificial, evitando tanto el rechazo absoluto como su utilización indiscriminada.
"La situación no es no utilizar o sí utilizar, sino cómo se utiliza", dijo la académica, en un momento en que la IA parece estar al alza, tal como lo señala el “Informe sobre la IA en la Educación 2025” , donde expone que el uso de la IA en la educación ha aumentado, con el 86% de las organizaciones educativas en los Estados Unidos que ahora utilizan IA generativa, la tasa más alta de cualquier industria.
Durante la entrevista, la investigadora insistió en que las universidades no pueden permanecer ajenas a una realidad donde la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana.
Para Genesis Benítez, estudiante de Medicina de la Alma Mater, esta tecnología representa una herramienta útil para optimizar el tiempo y facilitar la comprensión de contenidos complejos, especialmente en una carrera caracterizada por la gran cantidad de material de estudio. Sin embargo, advierte que el uso excesivo de estas plataformas puede reducir la lectura crítica y el análisis profundo de los textos, afectando la formación clínica. "Estamos dejando los libros atrás, la IA es buena para optimizar tiempo, pero no deberíamos basarnos solamente en eso", expresó.
Una visión similar comparte Andrés Dubón, estudiante de la carrera de Física, quien considera que, aunque la inteligencia artificial continúa siendo vista con cierto recelo dentro de su disciplina académica, su uso como herramienta de apoyo es cada vez más frecuente entre los universitarios. Ambos coinciden en que la IA no debe entenderse como un sustituto del aprendizaje ni del criterio profesional, sino como un recurso complementario que facilite el estudio sin reemplazar las competencias esenciales que cada carrera exige.
Bajo ese contexto Hernández, advirtió que la incorporación de estas herramientas debe realizarse mediante políticas institucionales claras que establezcan criterios éticos y límites para su utilización.
Finalmente, Hernández consideró que, como ha ocurrido con otras transformaciones tecnológicas a lo largo de la historia, las resistencias terminarán cediendo. No obstante, insistió en que corresponde a las universidades liderar una incorporación responsable de la inteligencia artificial, procurando que estas herramientas contribuyan al fortalecimiento del pensamiento humano y no a reemplazarlo.




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