
Periodista: Nadia Mendoza
El incremento al salario mínimo en Honduras sigue sin ser suficiente para cubrir el costo real de la canasta básica, advirtieron especialistas del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Obsan-UNAH), quienes alertan sobre un panorama complejo marcado por el alza de precios, el cambio climático y la alta informalidad laboral.
Este análisis se da en el contexto del reciente acuerdo tripartito anunciado por la Secretaría de Trabajo y Seguridad Social, que establece reajustes salariales diferenciados para 2026 y 2027. Según lo aprobado, el salario mínimo aumentará un 6 % para empresas de 1 a 50 trabajadores, un 7 % para aquellas de 51 a 150 empleados, y hasta un 7.5 % en 2027 para empresas con más de 151 trabajadores.
De acuerdo con María Luisa García, coordinadora del Obsan-UNAH, el problema parte de una estructura laboral desigual, ya que “únicamente el 22 % de la población en Honduras recibe un salario mensual. El 78 % trabaja en el sector informal, lo que significa que solo tiene ingresos para vivir al día”, explicó.
A este escenario se suma el constante encarecimiento de los alimentos, y en ese sentido, la académica comentó que han realizado comparaciones de abril de 2025 a abril de 2026, “y vemos que ha habido un incremento grande en la canasta básica alimentaria”.
García detalló que actualmente el costo de alimentación para un hogar de cuatro o cinco personas ronda los 16,000 lempiras mensuales, una cifra que supera ampliamente los ingresos de muchas familias.
“En un hogar donde solo uno de los cinco miembros trabaja, automáticamente caen en inseguridad alimentaria”, afirmó. La situación es aún más crítica si se considera que, según estudios, en la mayoría de los hogares apenas una o dos personas generan ingresos.
García subrayó que el aumento en los precios de la canasta básica ha sido mayor que el ajuste al salario mínimo aprobado recientemente. Esto provoca que beneficios como el aguinaldo y el decimocuarto mes pierdan su propósito original, “ya que se utilizan para pagar deudas, porque el salario no cubre el costo real de la vida. Las familias se endeudan para cubrir alimentación, salud, vivienda y educación”, indicó.
El impacto no es solo económico, sino también nutricional, y en ese sentido, Fiama García, especialista en nutrición del Obsan, advirtió que los hogares más afectados están optando por alimentos de menor calidad. “Estos hogares se malnutren con productos altos en carbohidratos y grasas, porque es para lo que les alcanza”, explicó.
Panorama preocupante
Por su parte, el analista del Obsan, Cristian Manzanares, señaló que el encarecimiento de los combustibles agrava la situación, ya que repercute directamente en los precios de los alimentos. “Hemos registrado aumentos de entre 40 y 45 lempiras en algunos carburantes desde enero. Esto impacta toda la cadena de suministro, y al final el consumidor es quien paga los platos rotos”, expresó.
Incluso pequeñas variaciones tienen efectos significativos. Según el Obsan, por cada lempira que sube la gasolina regular, la canasta básica alimentaria puede incrementarse hasta en 15 lempiras, lo que presiona aún más el bolsillo de los hondureños.
Manzanares también alertó sobre el contexto de inestabilidad que enfrenta el país, marcado por factores económicos, políticos y climáticos, y advirtió que las proyecciones son preocupantes. “Se estima que las sequías serán más severas, con lluvias por debajo del promedio. Todos estos factores podrían elevar a unos 2.2 millones el número de personas en inseguridad alimentaria al cierre de este año”, señaló.
Por su parte, el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), unidad a la que está adscrito el Obsan, presentó datos relevantes sobre el mercado laboral en Honduras; entre ellos, el ingreso promedio de los asalariados en el sector público es de 18,843, mientras que en el sector privado se reduce a prácticamente la mitad, 9,776. No obstante, el 66 % de las personas ocupadas ganan menos del salario mínimo.
Finalmente, la coordinadora del Obsan-UNAH concluyó en que el desafío de la seguridad alimentaria en Honduras no solo pasa por ajustes salariales, sino por políticas integrales que aborden la producción, el acceso a alimentos y la resiliencia ante crisis económicas y climáticas.
“Nosotros acompañamos investigaciones que permiten diagnósticos para que los tomadores de decisiones ejecuten acciones. Esperamos que se nos tome en cuenta, porque tenemos la voluntad de contribuir con propuestas”, indicó.



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