
Por: Helen López y Marisol Cáceres
Los recientes sismos percibidos en distintas regiones del país han vuelto a poner en la agenda pública la actividad sísmica en Honduras, un fenómeno que, aunque frecuente, suele pasar desapercibido hasta que la población vuelve a sentir el movimiento de la tierra.
Para comprender qué significan estos eventos y qué indican sobre el comportamiento geológico del territorio nacional, el director del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra, adscrito a la Facultad de Ciencias, Manuel Rodríguez, explicó que se trata de una actividad completamente normal dentro del contexto geodinámica de la región.
Según un boletín publicado por el Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (Ihcit), durante el año 2025 se registraron al menos 516 eventos sísmicos en el país, concentrados principalmente entre enero y marzo, con epicentros ubicados frente al Golfo de Fonseca y en el mar Caribe, lo que evidencia un patrón de actividad sísmica constante en zonas de alta interacción tectónica.
En términos generales, la sismicidad se caracterizó por presentar magnitudes bajas a intermedias, menores a 5 grados, y profundidades superficiales inferiores a los 20 kilómetros; sin embargo, el evento más significativo ocurrió el 8 de febrero de 2025, cuando un terremoto de magnitud 7.6 sacudió la región como resultado del movimiento relativo entre las placas Caribe y Norteamérica, según información del Centro de Asesoramiento de Tsunami en América Central (CATAC) y National Data Center (CATAC-NDC) obtenida a través de la red de estaciones de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el Comité Permanente de Contingencias (Copeco) y países vecinos.
Para el inicio de 2026, el Ihcit reportó que a partir del 16 de enero se registraron al menos 16 réplicas asociadas al reacomodo del subsuelo en la bahía de Omoa, caracterizadas por magnitudes bajas (menores a 4.2) y profundidades superficiales inferiores a 10 kilómetros, con una tendencia a la disminución diaria de eventos desde el sábado 17, aunque con magnitudes predominantes entre 3 y 4, perceptibles en comunidades cercanas, lo que mantiene en alerta a las autoridades y refuerza la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo y prevención sísmica en el país.
Alta vulnerabilidad sísmica
Honduras, al igual que el resto de Centroamérica, se encuentra ubicada en una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta. En esta región convergen tres grandes placas tectónicas: la placa del Caribe, sobre la cual se asienta la mayor parte del territorio hondureño; la placa de Norteamérica y la placa de Cocos, localizada en el océano Pacífico. La interacción constante entre estas placas genera movimientos sísmicos prácticamente a diario.
Sin embargo, Rodríguez aclara que el país se encuentra relativamente alejado de los principales bordes de placa, lo que reduce la probabilidad de que se registren terremotos de gran magnitud. A diferencia de países como México, Guatemala o El Salvador, donde se han registrado sismos superiores a magnitud 8, en Honduras los eventos suelen ser de menor intensidad y, afortunadamente, los daños han sido limitados. Esta misma condición ha provocado que exista una falsa percepción de que en Honduras no ocurren sismos, cuando en realidad forman parte del comportamiento natural de la Tierra.
Zonas de mayor actividad
En cuanto a las zonas más vulnerables del país, el director del Instituto señaló que los eventos de mayor magnitud suelen originarse en el borde de placa entre Norteamérica y el Caribe, localizado al norte de las Islas de la Bahía, una fuente sísmica que puede afectar directamente a toda la costa norte. No obstante, el interior del país también presenta un número significativo de fallas geológicas capaces de generar sismos de magnitud intermedia.
Departamentos del occidente como Copán y Ocotepeque, así como sectores de Santa Bárbara, registran actividad sísmica de forma recurrente. Asimismo, la depresión central, que incluye Comayagua y se extiende hacia los departamentos de Valle y Choluteca, también son zonas donde pueden presentarse eventos sísmicos. Las áreas con menor incidencia corresponden a Gracias a Dios y el oriente de Olancho, aunque ningún departamento está completamente exento.
Observación y recomendaciones
El monitoreo de estos fenómenos se realiza mediante sismómetros, instrumentos especializados que permiten medir el movimiento del suelo durante un sismo. En Honduras, la entidad oficial encargada de este seguimiento es Copeco, el cual ha registrado en lo que va del año dos sismos, mientras que la UNAH cuenta con una red experimental de sismómetros instalados en diferentes campus a nivel nacional. Estos equipos permiten localizar los eventos, determinar su magnitud y analizar sus características, información que es procesada en el Ihcit.
El especialista hizo un llamado a la población a conocer la importancia de la preparación, el cumplimiento de las normas de construcción y la atención a los boletines oficiales emitidos por las autoridades competentes y las instituciones científicas y aplicar los procedimientos de seguridad en caso de un sismo, cómo mantener la calma, evitar el uso de ascensores, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, y dirigirse a zonas seguras una vez finalizado el movimiento. Además, recordó que las réplicas pueden agravar daños estructurales, por lo que es fundamental esperar indicaciones oficiales antes de regresar a viviendas o edificios.



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