
Redacción: Carlos Humberto Guifarro Barahona
La expansión de la inteligencia artificial, la desinformación y las plataformas digitales han creado nuevas condiciones para estudiar la realidad social. La información circula con mayor velocidad, los algoritmos intervienen en lo que las personas ven y comparten, y las herramientas de IA comienzan a incorporarse cada vez más en los procesos académicos y de investigación.
Este escenario obliga a las Ciencias Sociales a revisar sus métodos y a comprender fenómenos que ya no ocurren únicamente en espacios físicos, sino también en entornos digitales. Durante su participación en el Primer Encuentro de Graduados de Posgrados de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAH, el doctor en Psicología José Manuel Mesa Cano, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), planteó que estos cambios alcanzan el objeto de estudio, la producción de conocimiento, los métodos de investigación, la infraestructura y el futuro de estas disciplinas.
Las plataformas influyen en lo que vemos
Mesa explica que las redes sociales forman parte de la vida cotidiana, pero su funcionamiento no es neutral. Los algoritmos seleccionan, ordenan y dan mayor visibilidad a determinados contenidos a partir de las interacciones de los usuarios.
Publicaciones que generan reacciones, comentarios o mayor participación pueden adquirir más alcance, mientras otras quedan relegadas. Esta dinámica influye en la manera en que las personas reciben información, participan en conversaciones públicas y construyen determinadas percepciones de la realidad.
“Las plataformas no solo transmiten lo social, ahora también lo reconfiguran”, afirmó Mesa Cano.
El investigador explicó que aquello que aparece primero en una red social, lo que permanece visible y lo que desaparece entre miles de publicaciones depende en buena medida del funcionamiento de los algoritmos y de la respuesta de los propios usuarios.
Las redes sociales tampoco funcionan como una plaza pública abierta bajo condiciones iguales para todos. Se trata de plataformas administradas por empresas que establecen reglas de acceso, circulación y uso de la información. Esta característica también representa un desafío para quienes investigan los comportamientos y dinámicas sociales en Internet.
La desinformación también circula entre usuarios comunes
La desinformación se ha convertido en uno de los principales problemas del ecosistema digital. Una noticia falsa puede originarse con intención de engañar, pero su alcance crece cuando miles de usuarios la comparten sin verificar su contenido.
Mesa Cano señaló que muchas personas pueden contribuir a la difusión de información falsa sin saberlo, especialmente cuando un contenido coincide con sus ideas previas, genera temor o provoca una reacción emocional.
La dificultad aumenta porque en Internet pueden circular contenidos que mezclan información verdadera con datos falsos, mensajes fuera de contexto o publicaciones diseñadas para parecer confiables. En estos casos, distinguir entre información verídica y engañosa puede resultar complejo.
Por eso, el análisis de la desinformación requiere ir más allá de comprobar datos. También implica estudiar cómo las personas interpretan la información, qué elementos influyen en sus decisiones y qué herramientas controlan la circulación de los contenidos.
Actualmente la desinformación es un problema de cómo pensamos, cómo nos organizamos y quién controla las herramientas con las que hacemos todas estas cosas, expresó Cano.
Comprender cómo se construye el conocimiento
La transformación digital también plantea preguntas sobre la forma en que las personas deciden qué información consideran verdadera.
En redes sociales, las decisiones no siempre se toman después de revisar evidencia. En muchos casos intervienen ideas previas, emociones, afinidades y sesgos cognitivos que pueden facilitar la aceptación o difusión de determinados contenidos.
Desde las Ciencias Sociales, este fenómeno abre nuevas líneas de investigación relacionadas con la manera en que se forman las creencias, cómo se justifican y qué factores permiten que una persona modifique su percepción frente a nueva evidencia.
El análisis de estos procesos cobra especial importancia en un entorno donde las personas reciben grandes cantidades de información de manera constante y deben tomar decisiones rápidas sobre qué contenido creer, rechazar o compartir.
La inteligencia artificial entra en los procesos de investigación
La inteligencia artificial también está cambiando la manera en que se desarrollan las actividades académicas y científicas.
Herramientas capaces de procesar información, generar contenido o apoyar determinadas tareas ya están presentes en los procesos de investigación. Su incorporación plantea nuevos retos relacionados con el uso responsable, la calidad de la información y el papel que deben asumir los investigadores frente a estas tecnologías.
Según el conferencista, “La IA ya está dentro de nuestro proceso de investigación, lo importante es cómo la vamos a utilizar para poder, precisamente, ayudarnos en este proceso”.
Para Mesa Cano, la discusión ya no pasa por decidir si estas herramientas formarán parte de la investigación, sino por definir cómo utilizarlas de manera adecuada y cómo adaptar los métodos de las Ciencias Sociales a este nuevo entorno.



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