Grasas y carbohidratos: la dieta en Honduras que llena, pero no nutre, según la UNAH
Comida hondureña.
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Periodista: Elin Josué Rodríguez

En nuestro país, el acto cotidiano de comer revela una realidad compleja: para amplios sectores de la población, alimentarse significa, sobre todo, “quitar el hambre”, aunque eso no implique necesariamente una nutrición adecuada. Así lo explica la especialista Fiama García Castillo, del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), quien advierte sobre un patrón alimentario marcado por limitaciones económicas y hábitos arraigados.

Según la experta, la dieta del hondureño promedio se ha construido históricamente alrededor de alimentos como frijoles, arroz, tortilla y huevo. “Son productos accesibles y forman parte de nuestra cultura alimentaria”, señala. Sin embargo, el problema surge cuando estos se convierten casi en la única base de la alimentación diaria, desplazando otros grupos esenciales.

Malnutrición

La situación va más allá del hambre. Castillo subraya que Honduras enfrenta un fenómeno de malnutrición, que incluye tanto el bajo peso como el sobrepeso, la obesidad y diversas deficiencias nutricionales, como la anemia.

Estudios acompañados por el Obsan evidencian la magnitud del problema: evaluaciones en miles de casos, incluyendo unos siete mil adultos mayores y 15 mil escolares, muestran un bajo consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en proteínas. En contraste, predominan dietas altas en carbohidratos y grasas.

“Las personas logran cubrir o incluso exceder las calorías necesarias, pero no están obteniendo los nutrientes que el cuerpo requiere”, explica Castillo. Esto significa que, aunque el estómago se llena, el organismo continúa en déficit nutricional.

Comer menos o peor: estrategias de sobrevivencia

En contextos de crisis económica, la alimentación se vuelve aún más precaria. Una de las principales estrategias de afrontamiento identificadas es la reducción en la cantidad de comidas o la variedad de alimentos.

“El acceso económico determina lo que se consume. Muchas familias priorizan llenar a todos sus miembros, aunque eso implique sacrificar calidad nutricional”, indica la especialista.

Este fenómeno también se refleja en el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados, que en algunos casos se ingieren varias veces al día, mientras que frutas y verduras aparecen de forma ocasional o inexistente en la dieta.

Frituras y desequilibrios

Otro rasgo característico es el uso extendido de frituras. En muchos hogares, los alimentos principales -frijoles, huevos, plátanos- se preparan fritos, incrementando el consumo de grasas.

Asimismo, prácticas como desayunar únicamente café con pan son comunes. Aunque no representan un riesgo inmediato, Castillo advierte que estas elecciones limitan la ingesta de nutrientes esenciales desde el inicio del día.

“Son calorías vacías, no aportan vitaminas, minerales ni la energía suficiente para comenzar la jornada”, puntualiza.

Creciente sobrepeso

La problemática se agrava al observar los indicadores de salud. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que alrededor del 60 % de la población adulta hondureña presenta sobrepeso u obesidad, aunque los últimos estudios nacionales datan de 2019.

Esto refleja una paradoja: coexistencia de desnutrición y exceso de peso en un mismo país, incluso dentro de los mismos hogares.

Para el Obsan, la solución no recae únicamente en decisiones individuales. Castillo enfatiza la necesidad de construir entornos alimentarios saludables, donde el acceso físico y económico a alimentos nutritivos sea posible. “Es difícil exigir una dieta balanceada cuando el entorno no lo permite”, afirma.

En tiempos donde el poder adquisitivo de la población hondureña disminuye, la especialista en nutrición recomienda comprar productos locales y de temporada, generalmente más accesibles; evitar el desperdicio de alimentos, promover la educación alimentaria en las comunidades e implementar políticas públicas que regulen precios y fomenten hábitos saludables, especialmente en escuelas.

OBEE

Alimentación más equilibrada

A pesar de las limitaciones, la especialista insiste en que pequeños cambios pueden marcar la diferencia: combinar alimentos disponibles (como arroz con verduras o huevo con tomate), reducir el uso de aceite y aumentar gradualmente el consumo de frutas.

La clave, señala, no es eliminar alimentos, sino diversificar la dieta. “No se trata de satanizar lo que comemos, sino de lograr un balance dentro de las posibilidades de cada familia”.

En un país donde comer sigue siendo un desafío diario para muchos, el reto no solo es llenar el plato, sino garantizar que ese plato también nutra.