
Periodista: Clarissa Donaire
Hoy el espacio vacío y neutro del Mezzanine del edificio Alma Máter se ha transformado en un universo vibrante de posibilidades con la inauguración de la exposición de artes visuales, donde la fotografía, la pintura y el grabado han tomado el protagonismo para contar historias que trascienden las fronteras del lienzo y del papel.
Cada obra expuesta es una ventana abierta a la mirada íntima y única de su creador o creadora; cada trazo, cada textura y cada matiz aquí presentes son testimonios silenciosos, pero elocuentes de un proceso valiente: el de mirar hacia adentro, confrontar la propia subjetividad y, desde esa honestidad, crear algo que logre conmover, interpelar y trascender hacia el otro, hacia el afuera y lo colectivo.
En este clima de fraternidad artística, Rose Montenegro, estudiante de la Especialidad de Pintura de la Universidad de El Salvador (UES), compartió con entusiasmo que "este es un espacio que nos enriquece profundamente porque podemos compartir y vivir nuevas experiencias junto a nuestros hermanos centroamericanos”.
“El intercambio cultural y creativo que aquí se genera nos motiva e inspira a seguir profundizando en nuestro arte, me siento profundamente orgullosa de formar parte y de vivir esta experiencia tan transformadora", considero la artista.

La artista salvadoreña amplió su reflexión con asombro: "Con mis compañeras hemos quedado impresionadas al ver la magnitud y la increíble arquitectura que tienen estas instalaciones, es un mundo donde uno quisiera vivir definitivamente. En cuanto a la bienvenida, sinceramente ha sido tan cálida que se siente rico, muy rico, recibir el abrazo genuino de nuestros hermanos centroamericanos y poder compartir con ellos no solo nuestras obras, sino también nuestras historias, nuestras luchas y nuestras alegrías”.
Por su parte Andrea Martínez, estudiante de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de Agricultura (UNAG), expresó: "Me llena de orgullo ver a todos mis compañeros demostrando su talento y todas sus habilidades desplegadas en cada rincón, también estoy orgullosa de participar con mi pieza de pintura, en la que me inspiré en el profundo amor y respeto que siento por los animales”.
Añadió: “Mi pasión es ayudar a los animales, especialmente a los silvestres, y a través de mi arte he querido transmitir ese vínculo tan especial que existe entre nosotros y todas las criaturas que comparten este planeta". Su obra, cargada de sensibilidad y compromiso, recordó a todos los presentes que el arte también puede ser un vehículo de conciencia y defensa de la vida en todas sus formas.
Así, esta exposición no es un punto de llegada, sino uno de partida, el comienzo de un diálogo visual y emocional que invita a cada espectador a detenerse, a observar con calma y a dejarse interpelar por lo que estas jóvenes manos centroamericanas han creado.
Finalmente, los organizadores del espacio recordaron que el arte, cuando nace desde la autenticidad y se comparte en comunidad, tiene el poder de derribar muros, tender puentes y recordarnos que, aunque cada quien habite su propio país, en la belleza y la creatividad siempre encontraremos un territorio común donde todos somos, ante todo, hermanos.

















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