
Periodista: Yuri Vargas
Conforme al boletín de alertas más reciente emitido por la Secretaría de Estado en los Despachos de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco), 75 municipios del corredor seco se encuentran en alerta amarilla, mientras 48 permanecen en alerta verde y se monitorea la situación de 111.
Lo anterior debido al fenómeno de El Niño que en el mes de mayo provocó un déficit de más de 50 % en las lluvias en los departamentos del centro y sur del territorio, afectación que en junio se extendió hasta el oriente y se repitió durante la primera quincena de julio.
Adicionalmente, según proyecciones del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Senaos), la sequía se mantendrá hasta principios de 2027, lo que impide el acceso periódico al vital líquido en los hogares de las principales ciudades por la disminución de los niveles de los embalses y pone en riesgo la seguridad alimentaria de la población hondureña en general, pero sobre todo en los sectores más pobres, por la pérdida de los cultivos ante la falta de humedad en los suelos.
Ante esta situación, la coordinadora de la Unidad de Cambio Climático de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Tirza Espinoza, señaló que con base en la información emitida por Cesaos y tomando en cuenta que son eventos cíclicos, en el mes de abril se elaboró un plan para atender la emergencia actual, identificando fondos y estrategias para hacerle frente.
Al respecto, Max Ayala, del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (Ihcit-UNAH), resaltó que el problema es que, aunque estos fenómenos se repiten cada año y existen estudios al respecto, en lugar de planificar y anticiparse a sus efectos, las acciones estatales suelen enfocarse únicamente en atender las consecuencias cuando los impactos ya se han manifestado.
El experto en hidrología sostuvo que el problema en el país no es la falta de agua, tanto para riego como para consumo, sino la ausencia de infraestructura para almacenarla, por lo que “más de la mitad del volumen de las lluvias regresa a los océanos”.
Es importante recordar que, de las seis represas que estaban en cartera, cinco serían construidas en las zonas más afectadas. Sin embargo, una fue considerada inviable y la construcción de otra enfrentó la oposición de la comunidad, lo que evidencia, una vez más, que muchos proyectos se quedan únicamente en el papel.
Por su parte Josué Mejía, coordinador de la Unidad de Meteorología de este ente adscrito a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), indicó que las sequías, al igual que los huracanes, se ven favorecidas por la ubicación geográfica de Honduras, y su frecuencia a nivel mundial será cada vez recurrente.
“Aunque estamos en una magnitud fuerte, según los modelos climáticos en octubre y noviembre vamos a llegar a una magnitud muy fuerte; va a ser un fenómeno muy similar al del 2015”, expuso.
“Los fenómenos de esta magnitud tienden a disminuir las lluvias entre un 20, 40 y hasta 50 % en sectores específicos del corredor seco centroamericano y en especial del corredor seco de Honduras”, continuó.
“Se debe caracterizar el riesgo climático en función de las variables de exposición, vulnerabilidad y amenaza. La amenaza la conocemos y la vulnerabilidad está en función del sistema y de la capacidad de adaptación; ahí es donde estamos en deuda con el país. No tenemos medidas adaptativas para resolver, somos demasiado contingencia”, acotó.
Los municipios más afectados a la fecha por las extremas condiciones climáticas se encuentran en los departamentos de Choluteca, Comayagua, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Valle.



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