
Por: Nadia Mendoza
El Anfiteatro del CISE bajó el telón de tres intensas jornadas de música y danza que convirtieron este escenario en un punto de encuentro para las expresiones artísticas de Centroamérica durante el Festival Interuniversitario Centroamericano de la Cultura y el Arte (FICCUA) 2026, consolidándose como uno de los nueve espacios donde las universidades públicas de la región compartieron la riqueza de sus tradiciones y el valor de la cultura como un puente entre los pueblos.
La última jornada inició con la energía de Fusión Universitaria de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), que abrió su presentación con Así te amo yo Honduras, para continuar con temas profundamente arraigados en la identidad nacional como En mi país, de Guillermo Anderson, Hablo español, de Polache, y la emblemática Sopa de caracol, despertando el entusiasmo del público desde los primeros acordes.

Costa Rica volvió a demostrar la fortaleza de su patrimonio musical con la participación de la Marimba UNA, que interpretó un repertorio de piezas tradicionales integrado por La coyolera, Luna liberiana y el tradicional Punto guanacasteco, considerada la obra más representativa de la provincia de Guanacaste, llenando el anfiteatro de los sonidos característicos del folclore costarricense.

La danza hondureña también tuvo un lugar destacado con la presentación de Danzas Folclóricas Raíces Sureñas, de UNAH Campus Choluteca, ofreciendo un colorido popurrí compuesto por La campesina, Pieza del indio, Cascareño y Polka corrida, y concluyendo con la interpretación de Conozca Honduras, en un recorrido por las tradiciones del país.

La diversidad cultural de Honduras también se hizo presente con el Grupo de Danza Miskita de la Universidad Nacional de Agricultura (UNAG), que conquistó al público con la vitalidad de sus coreografías, sus característicos trajes en tonos negro, blanco y naranja y la interpretación de Misquita linda, una de las obras más representativas del recordado cantautor Guillermo Anderson.

La propuesta instrumental de Costa Rica continuó con el cuarteto de saxofones y percusión de la Universidad Nacional, que ofreció un repertorio de composiciones costarricenses y latinoamericanas en el que la combinación de instrumentos de viento, madera y percusión dio vida a ritmos llenos de alegría que invitaron al público a acompañar cada interpretación con aplausos y movimiento.

Nuevamente el escenario del CISE fue testigo de la vitalidad del grupo Sentimientos de mi Tierra, de la Universidad Tecnológica de Panamá, cuya presentación destacó por la fuerza de sus interpretaciones y por llevar hasta el escenario una muestra del patrimonio artístico panameño como parte de esta celebración regional.

La música también encontró espacio en formatos más íntimos con la participación del dúo integrado por Emilio Rodríguez y Leonardo Cruz, quienes interpretaron obras como Un beso y una flor, Hombre en el piano, de Ana Belén, Te amo, de Franco de Vita, y Contramarea, del grupo costarricense Malpaís, demostrando la versatilidad del intercambio artístico que caracteriza al festival.

La Rondalla de la Universidad Nacional de Costa Rica, dirigida por Hugo Castillo, volvió a presentarse en el Anfiteatro del CISE para compartir con el público una propuesta musical que demostró la calidad artística de las agrupaciones universitarias participantes y fortaleció el ambiente de fraternidad que predominó durante toda la jornada.

El cierre estuvo a cargo de Ritmo Puma, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, que despidió las presentaciones del Anfiteatro del CISE con un repertorio integrado por En mi país, de Guillermo Anderson, Así te amo yo Honduras, de Shirley Paz, y la contagiosa cumbia Oye, abre tus ojos, poniendo a cantar y bailar a los asistentes en un final cargado de entusiasmo.

Durante tres días, este escenario fue testigo del talento universitario de agrupaciones de Honduras, Costa Rica y Panamá, con expresiones de danzas folclóricas, miskitas, contemporánea y música que evidenciaron la riqueza cultural que distingue a Centroamérica y confirmaron que el FICCUA es el encuentro universitario cultural más importante de la región.
Más allá de los aplausos y de cada presentación, el Anfiteatro del CISE dejó el testimonio de que el arte sigue siendo un lenguaje capaz de unir a los pueblos, de reconocer la diversidad como una fortaleza y de sembrar esperanza en las nuevas generaciones, recordando que la hermandad centroamericana se construye también desde los escenarios, donde la cultura continúa tendiendo puentes que trascienden fronteras y acercan a una región que comparte historia, identidad y un futuro común.



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