
Periodista: Clarissa Donaire
En un mundo donde las palabras parecen haber perdido peso, devueltas a su mínima expresión por el ruido de la posverdad, la voz de Jader Sánchez, mejor conocido como Javier Kevorkian, emerge como un faro de profundidad y resistencia.
Oriundo de Tegucigalpa, docente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) desde hace una década, y con una trayectoria que entrelaza la filosofía, la literatura y la docencia, Kevorkian acaba de ser galardonado con el décimo Premio Nacional de Poesía Los Confines por su poemario Museo Nacional de las Almas, un texto que explora las grietas de la memoria y la condición humana.
Pero su camino hacia este reconocimiento no ha sido lineal, es el resultado de una vida dedicada a la indagación en el lenguaje, impulsada por una experiencia temprana que marcó su vocación: la muerte de su hermano de seis años cuando él era apenas un niño.
"Sentía su vacío, su ausencia, y a partir de ahí tuve la necesidad de exteriorizar emociones. Era como una opresión en el pecho que se aliviaba cuando lo plasmaba en papel", confiesa Kevorkian, explicando cómo la poesía se convirtió en su primer refugio. Fue entonces cuando la filosofía y la poesía llegaron a su vida al mismo tiempo, como dos caras de una misma moneda.
Su obra ganadora
Museo Nacional de las Almas, el poemario ganador, es mucho más que una colección de versos, el escritor lo define como una "propuesta estética y humana" que se sostiene sobre una idea central: que los seres humanos morimos dos veces.
"La primera vez es la muerte biológica, la segunda es un desaparecimiento que tiene que ver con la capacidad de las personas de recordarnos, con la huella que dejamos", expone el autor.
Bajo esta premisa, el libro se convierte en un homenaje a los olvidados por la historia oficial, obreros, madres, trabajadores anónimos que movilizan el mundo, pero cuyas vidas han sido arrastradas por el olvido. Kevorkian concibe a Honduras, al mundo y al universo mismo como "otra forma de museo", un espacio donde la memoria lucha por no extinguirse.
En esta búsqueda, el poeta encontró en el referente salvadoreño Roque Dalton la inspiración para una poesía que no se escribe desde la cima, sino desde el barrio, desde lo cotidiano y lo marginado.

Entre la filosofía, la poesía y la docencia
Quizás para algunos resulte difícil relacionar la filosofía y la poesía, para Jader no, pues ambas llegaron a su vida casi al mismo tiempo, “de hecho, para mí, y puedo ser quizás extremo al decirlo, puedo sonar como un hereje, para mí incluso pueden ser la misma cosa. De hecho, la poesía me abrió el horizonte filosófico”, explicó el profesor, luego de citar a Jacques Derrida, quien manifestó que "la filosofía es una forma de literatura más” para criticar el "monopolio racional" de la primera, y recuerda que los presocráticos ya escribían su pensamiento en poemas.
El también filosofo considera que la filosofía al igual que la poesía nace del asombro, “entonces trato de utilizar las dos herramientas para mostrarle a los estudiantes que hay otra realidad, otra manera de decir el mundo, rompiendo con la rigidez del discurso académico”, expresó.
Pero esta fusión no se queda en el papel, es una herramienta pedagógica, como profesor de la UNAH, Kevorkian rechaza la "educación bancaria" que acumula datos sin vida. "De repente, una metáfora que toque una fibra interna en el estudiante puede recordarse toda la vida, una fecha, en cambio, puede quedar en el olvido”, consideró.
Más premiaciones
Su trayectoria con los reconocimientos en certámenes poéticos incluye el primer lugar en los Juegos Florales de San Marcos de Ocotepeque en el 2018, y el primer lugar en los Juegos Florales de Copán en el 2019 y el 2025, los premios también abarcan el premio de la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (Secapph) por su poemario Los Pétalos del Fuego, en el 2025, y recientemente el décimo Premio Nacional de Poesía Los Confines.
“No estoy seguro de haber escrito algo mejor que las otras 44 personas que participaron, creo que fue un golpe de suerte que, en un mundo de tantas palabras nefastas, se hayan elegido las mías”, expresó.
Actualmente, Javier Kevorkian cursa una maestría en Filosofía Centroamericana en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, y se prepara para la publicación del Museo Nacional de las Almas en el próximo año. Su obra, que bebe de la influencia de su escritor favorito, Jorge Luis Borges, y de la tradición poética centroamericana, se erige como un testimonio de que la poesía, a pesar de todo, sigue siendo "anterior a toda luz".
En ese sentido, el profesor agregó: “Recuerdo que cuando encontré los textos de Borges, sentí que había encontrado otra manera de ver la realidad, y curiosamente Borges no solamente es un poeta, no solamente es un gran cuentista, sino que su pensamiento raya con lo filosófico, es como una línea muy delgada que se desvanece entre lo que podríamos decir esto es filosofía en Borges, y esto es literatura”.
Consultado sobre el oficio del poeta en el mundo actual, recurre al mexicano Octavio Paz para describirlo como "el más extraño y el más torpe de los oficios" en una sociedad consumista que no valora el tiempo ni el esfuerzo detrás de la obra.
Como mensaje inspirador para los estudiantes que se interesan por la palabra escrita, el profesor recomendó leer mucho y pensar con frecuencia en Palestina, “yo creo que para ser un buen escritor hay que pensar frecuentemente en lo que pasa en Palestina”, consideró.
"La poesía quizás no tiene la capacidad de resolver estos problemas, pero sí puede servir como bálsamo, debemos confiar en eso que está dentro de nosotros y que puede germinar como un árbol gigantesco hecho de palabras", finalizó el poeta.
Te dejamos aquí una pequeño texto incluido en el poemario:
Antesala
Entra. Deja aquí tus ojos y usa los míos, que también son los del relámpago y, por lo tanto, te pertenecen. Toma una luciérnaga y ponla en el sitio de tu nombre; te llamarás como la luz y la sombra, llevarás escrita en la frente la palabra hondura, maldito sea el que intente borrarla.
Avanza, deja que el umbral te atraviese como hace la ciudad con los perros perdidos. Camina por los pasillos trenzados por el ardor, la ternura, la catástrofe. Adentro hay dos mares y la palma del mendigo mide 112,777 km²; tú eres la moneda, tú eres —no debes olvidarlo— el sol en una historia contada por papagayos ciegos.








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