En Honduras, solo 15 de cada 100 niños que ingresan a primer grado llegan a la universidad
Fotografías: por Osman Rodríguez, profesor de la Escuela Álvaro Contreras, El Cordoncillo, Yuscarán, El Paraíso.

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Por: Esdras Díaz

El acceso a la educación superior en Honduras está condicionado por una cadena de desigualdades que comienza mucho antes de que los jóvenes se enfrenten a un examen de admisión. La pobreza de las familias, las brechas en la calidad de la educación pública y privada, la inseguridad, las dificultades de transporte y la concentración de los centros universitarios en las principales ciudades limitan las oportunidades de miles de hondureños.

Una radiografía que fue presentada por Mario Alas, doctor en Educación por la Universidad de Flensburg, Alemania, y coordinador del Observatorio Universitario de la Educación Nacional e Internacional (Oudeni) en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM) durante la conferencia “Factores estructurales que condicionan el acceso a la educación superior”, en el marco del Cuarto Congreso de Admisión Universitaria.

Las cifras regionales permiten dimensionar la situación y la gravedad del país. De acuerdo con los datos compartidos por el expositor, Honduras se encuentra entre los países latinoamericanos con menor cobertura en educación superior, con una tasa bruta de matrícula que oscila entre el 14 % y el 16 %. En contraste, Chile registra alrededor del 42 %, mientras Costa Rica presenta porcentajes similares; Argentina alcanza entre el 38 y el 39 %.

Esto significa que, mientras en algunos países de la región cerca de cuatro de cada diez jóvenes acceden a la universidad, en Honduras lo hace aproximadamente uno de cada siete. Para Alas, esta exclusión representa “una pérdida de talento humano, porque las oportunidades no dependen únicamente del mérito académico, sino también de condiciones sociales y económicas”, sostiene.

Pero ingresar a la universidad tampoco garantiza terminar una carrera. El expositor señaló que Honduras registra apenas un 9 % de finalización de estudios superiores, frente a países como Chile, Colombia, Perú, Brasil y Panamá, que presentan porcentajes relativamente más altos.

Baja cobertura

La combinación de baja cobertura y escasa graduación repercute en la disponibilidad de profesionales calificados y en las posibilidades de desarrollo económico del país. Solo para ejemplificar, Alas explicó que Honduras mantiene una industria maquiladora concentrada principalmente en el sector textil, mientras que Costa Rica ha desarrollado maquilas electrónicas que requieren personal con mayores niveles de formación técnica y profesional.

“Estamos perdiendo mucho talento”, advirtió al referirse a las barreras que impiden que más jóvenes lleguen a las aulas universitarias.

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Pobreza y desigualdad

Uno de los principales obstáculos es la situación económica de los hogares. Según lo expuesto en la conferencia, alrededor del 60 % de las familias hondureñas se encuentra bajo la línea de pobreza y un 40 % bajo la línea de pobreza extrema.

En esas condiciones, estudiar una carrera universitaria implica gastos que muchas familias no pueden asumir: transporte, alimentación, internet, materiales y otros costos indirectos. Además, numerosos jóvenes deben incorporarse al mercado laboral para contribuir al sostenimiento de sus hogares, lo que dificulta que puedan dedicarse exclusivamente a estudiar.

“En Honduras, que los jóvenes puedan estar en la universidad solamente estudiando es un privilegio para un sector reducido”, dijo el académico en una conferencia impartida via Webex.

A esta barrera se suma la desigualdad en la educación que reciben los estudiantes antes de llegar a la universidad. Alas explicó que existen departamentos y municipios donde los jóvenes obtienen su título de educación media, pero arrastran una formación académica deficiente, que se hace evidente al presentar las pruebas de admisión.

El problema, sostuvo, no se resuelve únicamente con aplicar una prueba, pues muchos aspirantes necesitarían procesos de nivelación académica, pero las condiciones económicas también les impiden dedicar seis meses o un año a prepararse.

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Exclusión

Por otro lado, la exclusión también tiene una dimensión geográfica, pues las universidades concentran sus mejores instalaciones, laboratorios, docentes y una mayor variedad de carreras en ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula. Para quienes viven en comunidades alejadas, trasladarse diariamente o mudarse representa un costo que puede resultar imposible de cubrir. En ese sentido, dijo que aunque existen centros regionales,  estos no siempre ofrecen las mismas carreras ni cuentan con las condiciones de infraestructura de las sedes principales. Esta centralización reduce las opciones de los jóvenes, especialmente de quienes viven en municipios rurales y no tienen recursos para desplazarse.

Otro factor particularmente preocupante en Honduras es la violencia y la inseguridad. Alas recordó que el país formó parte del denominado Triángulo del Norte, junto con El Salvador y Guatemala, una región que llegó a registrar algunas de las tasas de homicidios más elevadas del mundo en contextos sin conflicto armado.

“En la educación superior, los riesgos asociados al transporte público y los asaltos cotidianos también dificultan la asistencia”, argumentó, es decir que la inseguridad y las escasas expectativas de empleo llevan a algunos universitarios a considerar la emigración como una alternativa para mejorar sus condiciones de vida.

Medidas para reducir las barreras

Durante su disertación, la UNAH fue reconocida como una institución que ha impulsado medidas para reducir algunas de estas barreras. Una de ellas es el servicio de transporte que brinda a sus estudiantes, una iniciativa que, según Alas, ha tenido un impacto positivo al facilitar el desplazamiento de jóvenes que no podrían asumir diariamente ese gasto. También destacó que la UNAH ha dado pasos en la incorporación de modalidades más flexibles, aunque consideró que el país todavía tiene mucho por avanzar en educación virtual e híbrida.

Sin embargo, advirtió que la institución enfrenta limitaciones de presupuesto e infraestructura, pese a que existe una disposición legal que establece el presupuesto que debe recibir anualmente y que, según señaló, no se cumple. Esta situación restringe la ampliación de cupos, la construcción de laboratorios y talleres y el fortalecimiento de sus centros regionales.

Lo expuesto por el coordinador del Oudeni evidencia que el reto del acceso a educación universitaria no comienza frente a una prueba de admisión, sino en las condiciones económicas, educativas, geográficas y sociales que acompañan al estudiante desde mucho antes de llegar a ella.