
Por: Stefanny Peralta
Una baleada (sencilla) desde 20 lempiras, unas tajadas por 45 o un plato de chicken fingers que ronda los 120 lempiras forman parte de las opciones que encuentran los estudiantes para comer durante su jornada académica en Ciudad Universitaria, mientras en los otros campus varía según la zona.
Entre clases, presupuestos ajustados y poco tiempo disponible, elegir qué comer también se convierte en un desafío para quienes buscan mantener una alimentación equilibrada.
Aunque estos alimentos forman parte de la oferta cotidiana, sus precios, ingredientes y aportes nutricionales son diferentes. Además, el costo de una comida no determina por sí solo su calidad: también influyen las porciones, la preparación y la variedad de alimentos que una persona consume a lo largo del día.
Para muchos universitarios, la decisión no se limita a escoger entre una opción saludable y otra menos nutritiva. El dinero disponible, los gastos de transporte y materiales de estudio, así como el tiempo entre clases pueden condicionar las posibilidades de acceder a una alimentación suficiente y variada.
El presupuesto también influye en la alimentación
Las dificultades para mantener una dieta equilibrada deben analizarse en un contexto nacional marcado por los problemas de acceso a los alimentos. Según el manifiesto del Día Mundial de la Alimentación 2026 del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan) de la UNAH, al menos 1.88 millones de hondureños enfrentan inseguridad alimentaria aguda en fase 3 o superior.
El mismo documento señala que el costo mensual de la canasta básica alimentaria urbana por persona aumentó un 49.4 % entre 2019 y 2025. Aunque estas cifras corresponden a la población hondureña en general y no específicamente a los universitarios, permiten dimensionar el entorno económico en el que los jóvenes deben resolver sus necesidades alimentarias.
María Luisa García Rodríguez, coordinadora del Obsan, explicó que la disponibilidad económica influye directamente en las decisiones alimentarias de los estudiantes, especialmente de quienes dependen financieramente de sus familias y deben distribuir sus recursos entre alimentación, transporte, materiales de estudio y otros gastos.
“Muchos de ellos no trabajan, sino que dependen de sus familias económicamente”, señaló la especialista.
Esta situación puede dificultar el acceso regular a alimentos de distintos grupos nutricionales. Cuando el presupuesto es limitado, algunos estudiantes pueden priorizar el precio y la cantidad de comida, aunque esto no necesariamente garantice una dieta variada.
García Rodríguez explicó que una alimentación equilibrada debe incluir diferentes grupos de alimentos, entre ellos carbohidratos, proteínas, frutas y vegetales, necesarios para el funcionamiento del organismo. También consideró importante fortalecer la educación nutricional y explorar alternativas que faciliten el acceso a alimentos saludables dentro de los espacios universitarios.
Frutas y verduras, un reto pendiente
El costo no es el único factor que influye en la alimentación. Los hábitos de consumo, las preferencias personales, las costumbres familiares y la disponibilidad de productos también intervienen en las decisiones cotidianas.
Fiama Noelia García Castillo, nutricionista y técnico-analista en la Obsan, explicó que entre los patrones alimentarios que requieren atención se encuentran el consumo elevado de grasas y azúcares refinados y la ingesta insuficiente de frutas y verduras.
La especialista recordó que Honduras cuenta con guías alimentarias saludables y sostenibles para mayores de dos años, que ofrecen recomendaciones sobre el consumo de agua, frutas, verduras, cereales, legumbres y fuentes de proteína.
Sin embargo, promover mejores hábitos requiere considerar las condiciones reales en las que vive la población. La información nutricional es importante, pero las recomendaciones resultan más difíciles de aplicar cuando las alternativas saludables no están disponibles a precios accesibles o cuando los horarios académicos reducen el tiempo para comer.
García Castillo también aclaró que el Obsan no dispone de estadísticas específicas sobre bajo peso y desnutrición entre los estudiantes universitarios. Por ello, no es posible establecer, a partir de los datos disponibles, qué proporción del estudiantado enfrenta estas condiciones.
Contar con información específica sobre los hábitos alimentarios y el estado nutricional de la población universitaria permitiría identificar necesidades y orientar acciones de prevención y acompañamiento.
Alimentación y rendimiento académico
Desde la docencia, Mónica Murra, nutricionista con maestría en Nutrición Oncológica y docente de la Carrera de Nutrición de la UNAH, coincidió en que el precio de los alimentos influye en las elecciones que realizan los estudiantes durante su permanencia en el campus.
La especialista explicó que algunas preparaciones con ingredientes nutritivos pueden resultar más costosas que otras opciones de comida rápida. Como ejemplo, mencionó que una ensalada con pollo puede tener un precio superior al de una porción de nachos o frituras, situación que puede llevar a algunos jóvenes a priorizar el costo y la cantidad.
Las consecuencias de una alimentación desequilibrada pueden ir más allá de una comida. Murra advirtió que, cuando estos patrones se mantienen en el tiempo, pueden contribuir al desarrollo de problemas de salud, como el exceso de peso, las alteraciones del colesterol y los triglicéridos y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas.
En el entorno académico, pasar muchas horas sin comer o mantener una alimentación insuficiente también puede acompañarse de cansancio, somnolencia y dificultades para concentrarse. La docente llamó la atención sobre los estudiantes que permanecen entre seis y ocho horas sin consumir alimentos durante sus actividades universitarias, períodos que pueden asociarse con falta de energía o malestar, dependiendo de las condiciones de cada persona.
Por ello, subrayó la importancia de procurar una alimentación suficiente y variada durante la jornada, en lugar de depender exclusivamente de productos que resuelvan el hambre de manera inmediata.
Planificar y facilitar opciones saludables
Frente a estas dificultades, Murra recomendó organizar las comidas con anticipación y, cuando sea posible, llevar alimentos preparados desde casa. Sándwiches, frutas, pollo y ensaladas son algunas de las alternativas que mencionó para reducir gastos y disponer de alimentos durante los períodos entre clases.
También aconsejó priorizar el consumo de agua y limitar las gaseosas y otras bebidas con alto contenido de azúcar. La planificación puede ayudar a tomar decisiones más conscientes y evitar que la falta de tiempo determine por completo la elección de los alimentos.
No obstante, mejorar la alimentación universitaria no depende únicamente de la voluntad individual. La disponibilidad de opciones nutritivas a precios accesibles, la educación alimentaria y las condiciones económicas del estudiantado también forman parte de esta realidad.
Para quienes pasan buena parte del día en el campus, alimentarse adecuadamente significa encontrar un equilibrio entre sus necesidades nutricionales, el presupuesto disponible y las exigencias académicas. El desafío consiste en que comer saludablemente sea una posibilidad real y accesible durante la vida universitaria, sin que el costo de los alimentos obligue a relegar una necesidad básica.



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