El combustible que sube en la bomba lo pagan los hogares hondureños

Cintillo1780

Por: Esdras Diaz Madrid

Don Juan José Pérez, quien vive en residencial San Juan en Tegucigalpa, alistó este pasado fin de semana su bolsa para hacer las típicas compras para abastecer su alacena. Los precios al llegar al mercado que frecuenta ya no eran los mismos que hace 6 o 7 días; no hubo sorpresa, más bien resignación. Don Juan, un profesor jubilado de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM) en la capital hondureña, vive en parte de una pensión que no sube al mismo ritmo que los precios. “Antes un medicamento me costaba entre 30 y 40 lempiras; hoy pagué más de 60”, dice en una tarde soleada de Tegucigalpa en vísperas de la Semana Mayor, mientras atiende mi llamada con factura en mano para corroborar la información.

El dato no es una cifra aislada, en su última compra semanal, en “unas poquitas cosas”, dijo que su gasto se incrementó cerca de un 30 %. Para él y para miles de hogares en Honduras, el alza de los combustibles ya no es una estadística, es una preocupación diaria. Durante las últimas semanas, dijo estar pendiente de los anuncios del gobierno sobre los nuevos precios de los carburantes. Su historia pone rostro humano a un fenómeno estructural, pues en Honduras, el precio del combustible no se queda en la bomba, se filtra en la canasta básica, en la farmacia y en la factura de la luz.

Bajo ese desolador escenario, el reciente aumento en los precios de los carburantes ha vuelto a colocar a Honduras frente a una realidad conocida y persistente, una economía pequeña, abierta y dependiente de las importaciones.

El disparo de los precios de combustible lo salpica todo y abre un agujero en el bolsillo de cada hogar hondureño. Desde el transporte hasta los alimentos, desde la energía hasta los medicamentos, el encarecimiento se traduce en inflación y en un mayor costo de la vida.

Recientemente el Observatorio Universitario en Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan), de la UNAH, ente encargado de monitorear durante todo el año el comportamiento de los costos de la canasta básica y los 30 productos que la conforman, anunció que en lo que va del año 2026, los lácteos, la leche, el pan, el café, los mariscos, las carnes rojas y verduras como el repollo y el pataste han reportado una tendencia al alza.

Este 23 de marzo Honduras registró uno de los incrementos más pronunciados en los precios de los combustibles de los últimos años, según confirmó la Secretaría de Energía (Sen). En las estaciones de servicio, el costo por galón alcanzó niveles inéditos, ubicando al país entre los mercados más caros de Centroamérica y presionando de inmediato a los precios internos; solo la gasolina súper registró un incremento de 7.44 lempiras en Tegucigalpa y 6.74 en San Pedro Sula, alcanzando un precio de 120.68 y 117.18 lempiras por galón, respectivamente. Por su parte, la gasolina regular también subió, en este caso 4.98 lempiras, situándose en 106.35 por galón, 103.19 en San Pedro Sula.

Conflicto lejano, un impacto cercano

El origen del alza no está en el territorio nacional. De acuerdo con reportes de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la escalada responde a factores globales. El conflicto en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial, ha generado cuellos de botella en el suministro internacional, elevando los precios del crudo.

A esto se sumó una reducción inesperada de inventarios de destilados en Estados Unidos, principal proveedor de combustibles para Centroamérica. La menor oferta de gasolinas terminadas encareció el precio internacional de compra para países netamente importadores como Honduras y Guatemala. Además, el aumento de las primas de seguro y de las tarifas de transporte marítimo, producto del riesgo geopolítico, elevó los costos logísticos y el flete hacia terminales marítimas como Puerto Cortés.

Según datos proporcionados por el gobierno central, Honduras consume semanalmente 6 millones de galones de diésel y 4.2 millones de galones de gasolina regular.

Inflación importada

Henry Rodríguez, exjefe del Departamento de Economía y asesor de la Rectoría de (UNAH, explica que el traslado del alza internacional a los precios internos es “casi automático”. Honduras no produce petróleo, importa los carburantes y, con ellos, importa también inflación.

“El primer impacto se siente en el transporte”, señala Rodríguez. El aumento del diésel encarece el traslado de mercaderías y de pasajeros, costos que terminan trasladándose a los precios de los alimentos, insumos y bienes de consumo. A la par, se elevan los costos de producción, afectando tanto al productor agrícola como al industrial.

El efecto se amplifica en el sector energético, pues cerca del 40 % de la matriz de generación eléctrica del país es térmica y depende del búnker, en ese sentido afirmó que cualquier alza en los combustibles presiona las tarifas de energía, lo que anticipa ajustes en las próximas revisiones regulatorias.

Según Rodríguez, este escenario obliga a revisar las proyecciones inflacionarias del Banco Central de Honduras (BCH), que se ubicaban entre 4 % y 5 %.

“No sabemos cuánto subirán, porque dependerá de la duración del conflicto, pero el impacto ya está en marcha”, advierte el académico.

Un dato clave dimensiona la vulnerabilidad del país, pues alrededor del 40 % de la inflación que enfrenta Honduras es importada. Es decir, casi la mitad del aumento de precios proviene de factores externos: energía, transporte, logística sobre los cuales el país tiene un margen de maniobra limitado, casi incontrolable, aduce el experto.

El escenario revive la memoria de julio de 2022, cuando los combustibles alcanzaron precios récord por la guerra entre Rusia y Ucrania. Solo por ejemplificar, en la semana del 4 al 10 de julio, el galón de gasolina súper llegó a 146.57 lempiras; la regular, a 126.39; el diésel, a 124.50 y el queroseno, a 119.86. Aquella crisis combinó escasez, costos logísticos elevados y una fuerte inflación importada.

“Entre más se dilate la crisis en Medio Oriente, más nos acercamos a ese escenario”, advierte Rodríguez. Por ello calificó los subsidios anunciados por el gobierno como un alivio temporal. El presidente Nasry Asfura dijo que alrededor de 160 millones de lempiras semanales era el aporte de su administración para amortiguar el golpe, aunque también esto representa una carga fiscal que obliga a sacrificar recursos de otras áreas, agregó Rodríguez.

Para don Juan, las medidas macroeconómicas se traducen en decisiones simples, pero duras: comprar solo lo básico, usar menos el vehículo y, como él mismo dice con ironía resignada, “comer menos y menos suculento”.

El desafío, coinciden los expertos, va más allá de atender la emergencia. Acelerar la transición hacia fuentes renovables, fortalecer la integración eléctrica regional y promover una cultura de ahorro y uso eficiente de la energía aparecen como rutas necesarias para reducir una vulnerabilidad que, cada cierto tiempo, vuelve a golpear con fuerza el bolsillo de los hondureños.