
Periodista: Elin Josué Rodríguez
El consumo de bebidas energizantes y otras sustancias estimulantes entre estudiantes universitarios sigue en aumento, impulsado por la presión académica y la búsqueda de mayor rendimiento. Una investigación realizada por estudiantes de la Carrera de Química y Farmacia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) advierte sobre los riesgos que estas prácticas conllevan para la salud física y mental.
El estudio Patrones de consumo de sustancias estimulantes y su relación con el rendimiento académico en estudiantes universitarios, desarrollado por Eliana Espinal, Carol Varela y Leonardo Banegas, estudiantes de último año; analizó el impacto de sustancias como la cafeína, taurina, L-glutamina y medicamentos nootrópicos (también conocidos como estimulantes de la memoria o potenciadores cognitivos, son fármacos, medicamentos, drogas, suplementos, nutracéuticos o alimentos funcionales que elevan ciertas funciones mentales humanas) en el desempeño académico. Citan que, aunque en un inicio pueden generar una sensación de alerta y energía, su uso prolongado o excesivo puede provocar efectos adversos significativos.
“Estas sustancias funcionan como estimulantes del sistema nervioso central, pero al ingerirse en grandes cantidades pueden provocar temblores, ansiedad, nerviosismo y afectar la capacidad de concentración”, explicó Espinal durante la presentación de resultados.
Consumo
Según las encuestas aplicadas por el equipo investigador, un gran porcentaje de la población estudiantil (más en la población estudiantil masculina) consume bebidas energizantes, muchas veces sin conocer los riesgos asociados. La investigación también evidenció que estos productos ingresan al campus desde el exterior, pese a que no se comercializan formalmente dentro de la universidad.
“Ha habido un aumento considerable en el consumo, especialmente entre jóvenes que buscan mantenerse activos y mejorar su rendimiento académico”, señaló Banegas, no obstante, advirtió que este hábito puede derivar en consecuencias como fallas hepáticas o renales a largo plazo.

Efectos negativos y combinaciones peligrosas
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el impacto negativo del consumo prolongado, aunque inicialmente los estudiantes perciben una mejora en su rendimiento, con el tiempo pueden experimentar insomnio, falta de concentración, ansiedad y taquicardia.
El riesgo aumenta cuando estas sustancias se combinan con medicamentos como el modafinilo, un nootrópico que potencia la actividad cerebral. “Al mezclar sustancias con efectos similares se produce una sinergia negativa que puede generar síntomas más severos, e incluso efectos contrarios a los esperados, como sedación o disminución del rendimiento”, explicó Espinal.
Dependencia y síndrome de abstinencia
El abandono repentino del consumo también representa un desafío. De acuerdo con Carol Varela, los estudiantes consumidores pueden desarrollar síndrome de abstinencia, con manifestaciones tanto psicológicas como físicas.
“En la dependencia psíquica, la persona siente irritabilidad, cansancio extremo y dificultad para funcionar sin la sustancia. En la dependencia física pueden presentarse temblores, taquicardia y sensación de ahogo”, detalló.
Por ello, los investigadores recomiendan una reducción progresiva del consumo, evitando suspensiones abruptas que puedan desencadenar complicaciones más graves.
De la sobreestimulación a la muerte
Aunque poco frecuentes, los casos más graves pueden incluir paro cardiorrespiratorio o falla respiratoria, especialmente cuando se consumen dosis extremadamente altas o se combinan múltiples estimulantes.
A nivel internacional, diversas agencias sanitarias han alertado sobre estos riesgos:
Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y autoridades sanitarias de distintos países han advertido que el consumo elevado de cafeína puede superar niveles seguros (más de 400 mg diarios en adultos), incrementando el riesgo de arritmias, crisis nerviosas y complicaciones cardiovasculares.
En el mundo se han documentado decenas de muertes anuales asociadas al consumo excesivo de bebidas energizantes, particularmente en jóvenes con condiciones cardíacas no diagnosticadas.
En América Latina, aunque el subregistro es alto, estudios y reportes clínicos señalan casos esporádicos de fallecimientos vinculados a intoxicación por cafeína o combinaciones con alcohol y fármacos.
Mientras que, en Honduras no existen estadísticas oficiales consolidadas, pero especialistas advierten sobre eventos adversos graves cada año, especialmente en población joven, no obstante, se están investigando 100 muertes asociadas supuestamente con el consumo de energizantes.
El equipo de investigación subraya que el principal problema no es únicamente el consumo, sino la falta de información, por ello han impulsado charlas y campañas educativas dirigidas a estudiantes para concienciar sobre los efectos reales de estas sustancias.
“El objetivo es que los estudiantes comprendan que lo que parece una ayuda inmediata puede convertirse en un problema a largo plazo”, concluyó Espinal.



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