
Periodista: Elin Josué Rodríguez
Aunque no existe un dato oficial y actualizado sobre cuántos graduados de secundaria del interior del país ingresan a las universidades en Honduras, David Pineda Talavera, en su tesis de posgrado “Educación Superior y Desigualdades Sociales en Honduras”, antes a optar al título de máster en Sociología, demuestra que únicamente el 3.2 % de los hondureños del área rural acceden a la educación superior.
Si bien estos datos corresponden a años anteriores, la realidad del país en esta materia ha cambiado muy poco, debido a la combinación de una baja cobertura educativa en las zonas rurales y persistentes barreras socioeconómicas.
Una idea que cambia vidas y destinos
Ante estas circunstancias, propias de la pobreza estructural del país, surgen iniciativas que rompen con el conformismo y desafían la idiosincrasia social. Tal es el caso de la Municipalidad de la Villa de San Francisco, que adquirió su propio autobús destinado exclusivamente al traslado de estudiantes de bajos recursos hacia la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Esta iniciativa local, única en el país, ha generado desde 2014 hasta la fecha centenares de oportunidades, incrementando de manera significativa la tasa municipal de profesionales.
El alcalde de la Villa de San Francisco, Janio Borjas, ingeniero agrónomo de profesión y exdocente del Instituto Técnico de la Villa de San Francisco, explicó que la idea surgió al conocer de cerca las limitaciones económicas de sus alumnos, muchos de ellos con alto rendimiento académico, pero que abandonaban sus estudios por no contar con los recursos necesarios para continuar en la educación superior.
“Ya como alcalde, comencé a visualizar y madurar la idea de que la municipalidad adquiriera un medio de transporte para trasladar a estudiantes a la UNAH. Sin embargo, la normativa legal estatal solo permitía la compra de unidades nuevas, por lo que acudimos al Tribunal Superior de Cuentas para solicitar autorización para adquirir un autobús usado. Así nació este proyecto que ha permitido la profesionalización de centenares de jóvenes de nuestro municipio”, recordó Borjas.
Un modelo autosostenible
El edil detalló que la iniciativa es autosostenible, ya que los estudiantes usuarios aportan una contribución diaria de 60 lempiras, monto destinado a cubrir el combustible y el mantenimiento del autobús.
Asimismo, destacó que el proyecto, inicialmente dirigido únicamente a estudiantes de la Villa de San Francisco, se amplió para beneficiar a jóvenes de aldeas de Morocelí, Yuscarán y San Antonio de Oriente. En ese sentido, Borjas adelantó que se analiza la posibilidad de adquirir una segunda unidad para cubrir el turno vespertino y facilitar el traslado de estudiantes que reciben clases en horario de tarde-noche.
“Le agradezco a la UNAH y, en especial, al rector Odir Fernández, por facilitarnos un espacio de parqueo dentro de Ciudad Universitaria. Sin ese apoyo, sería mucho más difícil ofrecer este servicio”, subrayó el alcalde.
Historias de egresados
Yeimi Tatiana Reyes, egresada de la licenciatura en Banca y Finanzas, aseguró que sin esta iniciativa difícilmente habría podido ingresar a la Máxima Casa de Estudios. “Este es un excelente proyecto, porque además de brindarme acceso a la educación superior, me ofreció seguridad”, afirmó.
Relató que sus padres no contaban con los recursos necesarios para costear alquiler, transporte y alimentación en Tegucigalpa, por lo que considera que iniciativas como esta deberían replicarse en otros municipios del país.
Madres que respaldan el esfuerzo
“Como madre, puedo decir que este es un proyecto invaluable, porque representa una gran ayuda para quienes no tenemos la capacidad económica de enviar a nuestros hijos a estudiar. Sin este autobús no habría tenido la forma de mandar a mi hija a la universidad”, expresó Isabel Cristina Díaz, madre de Yeimi Tatiana Reyes.
Doña Isabel recordó que se levantaba de madrugada para preparar el desayuno y el almuerzo de su hija, a quien únicamente podía darle 25 lempiras diarios para refrescos y fotocopias. “Hubiera querido darle más, pero las condiciones económicas no lo permitían”, señaló.
En términos similares se expresó Iris Ondina Amaya, madre de Miguel Alejandro Cárdenas, licenciado en Informática Administrativa, y de otros dos hijos que actualmente cursan Ingeniería en Sistemas y Arquitectura. Amaya afirmó que, gracias a este proyecto, su sueño de brindar educación superior a sus hijos se ha hecho realidad, y agradeció a las autoridades municipales por su compromiso.
En un país donde la pobreza continúa marcando el destino académico de miles de jóvenes rurales, la experiencia de la Villa de San Francisco demuestra que las soluciones no siempre requieren grandes reformas nacionales, sino voluntad política local, sensibilidad social y una gestión pública eficiente.



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