Comisión tripartita retoma revisión del salario mínimo luego de tres meses de desacuerdo y alta informalidad

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Por: Esdras Díaz Madrid

La revisión del salario mínimo en Honduras correspondiente a 2026 acumula ya tres meses de atraso, las reuniones serán retomadas este 8 de abril en una negociación tripartita clave entre gobierno, empresa privada y sector trabajador; sin embargo, más allá del ajuste salarial, el proceso pone sobre la mesa problemas estructurales del mercado laboral hondureño, marcados por la alta informalidad, bajos ingresos y una débil relación entre empleo y calidad de vida.

Así lo sostiene Juan Umanzor, coordinador del Observatorio Universitario de Economía y Emprendimiento, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), quien advierte que el salario mínimo en el país funciona más como una referencia que como una garantía efectiva, esto se debe a que entre el 75 y el 80 % de las empresas operan en la informalidad, lo que implica que una gran proporción de trabajadores no recibe el salario mínimo legal.

“Las empresas deberían estar obligadas a pagarlos, pero como no están formalmente constituidas, no lo hacen”, explicó Umanzor.

Actualmente no existe una cifra única de salario mínimo, ya que este varía según el tamaño de la empresa y la actividad económica, no obstante, según fuentes oficiales, el promedio de salario mínimo para 2025 fue de 13,985.16 lempiras.

En ese contexto, según datos publicados en el sitio oficial de la Secretaría de Trabajo para 2025, el ajuste al salario para empresas de 1 a 10 trabajadores y de 11 a 50 trabajadores, fue del 5.50 %.

Por su parte, las empresas que cuentan con entre 51 y 150 trabajadores tuvieron un ajuste del 6.50 %. Finalmente, aquellas empresas con más de 151 trabajadores aplicaron un incremento del 7 %, estos porcentajes reflejan la diferencia del aumento salarial en función del tamaño de la empresa, sin embargo, es fundamental subrayar que los montos varían de acuerdo con las referidas doce ramas de actividad económica.

En términos generales, el ajuste esperado para 2026 debería situarse entre un 4.6 % y un 5 %, en consonancia con la inflación registrada en 2025, según argumentó Umanzor. De concretarse estos valores de incremento proyectados por el Observatorio Económico, y a modo de ejemplo, un obrero de la construcción que labora en una empresa de 1 a 10 empleados, cuyo salario en 2025 fue de 12,539.68 lempiras, experimentaría en 2026 un aumento aproximado de 626.98 lempiras. Esto implicaría que su ingreso mensual total ascendería a 13,166.66 lempiras.

Por otro lado, según datos del Observatorio Económico, el panorama actual refleja una realidad preocupante, alrededor del 40 % de los hogares gana menos del salario mínimo, y más del 60 % de los hogares percibe ingresos por debajo de los 15,000 lempiras mensuales.

Aunque el desempleo ha mostrado una leve mejoría pasando de aproximadamente 6.2 % a cerca del 6 % esta reducción no se ha traducido en mejores ingresos para la población. Según Umanzor, el país está generando empleos, pero estos no garantizan condiciones suficientes para mejorar la calidad de vida. “Se están creando nuevas plazas, pero no se asegura mejores ingresos”, señaló el economista.

Inflación y combustibles

El contexto inflacionario será un factor determinante en la negociación. Honduras cerró 2025 con una inflación cercana al 5 % mientras que en los primeros meses de 2026 se ha mantenido alrededor del 3.4 % - 3.6 %, con expectativas de aumento debido al encarecimiento de los combustibles derivado del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos y que ha creado un sismo económico en el mundo, pues más de un 20 % del petróleo del mundo pasa por el estrecho de Ormuz, y mientras este continúe cerrado, generará serios daños a la economía global.

Este incremento, impulsado por factores internacionales, impacta directamente en el costo de vida y podría influir en la fijación del nuevo salario mínimo.

Canasta básica

Otro elemento clave en la discusión es la canasta básica alimentaria, pues actualmente algunos sectores continúan calculando con metodologías desactualizadas, basadas en estructuras de consumo de los años 90.

En respuesta, se ha trabajado en una nueva canasta básica que no solo contemple hábitos de consumo actuales, sino también requerimientos nutricionales. Esta actualización es fundamental, ya que de ella dependen indicadores sensibles como el cálculo del salario mínimo y los niveles de pobreza.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) contiene en su nueva canasta 405 productos, de los cuales 123 corresponden a alimentos (canasta básica). Sin embargo, es la canasta básica alimentaria la que se utiliza específicamente para medir pobreza y establecer umbrales salariales.

Para Umanzor, el principal reto no radica únicamente en fijar un nuevo salario mínimo, sino en garantizar su cumplimiento. Esto implica avanzar en políticas de formalización empresarial y fortalecer los mecanismos de supervisión laboral.

“Se necesita trabajar en una ley de empleo que permita regular y auditar a las empresas que no cumplen con el salario mínimo”, enfatizó.

Mientras tanto, las expectativas están puestas en que la negociación de este 8 de abril logre consensuar una nueva tabla salarial que, al menos, sirva como referencia en un mercado laboral marcado por profundas desigualdades.