
Periodista: Elin Josué Rodríguez
El mercado laboral hondureño ha mostrado señales de recuperación en los últimos años; sin embargo, diversos estudios advierten que la mejora en los indicadores de empleo no necesariamente se traduce en trabajos de calidad.
Investigaciones recientes elaboradas por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), a través del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), señalan que el país enfrenta un escenario de recuperación parcial del empleo, caracterizado por la persistencia de bajos salarios, altos niveles de informalidad y limitadas oportunidades laborales estables.
De acuerdo con la VIII Encuesta de Economía Familiar Multipropósitos presentada por la Máxima Casa de Estudios, Honduras cerró 2025 con una tasa de desempleo del 6.14 %, una reducción respecto al 7.2 % registrado en 2024.
Limitaciones estructurales
Aunque la disminución refleja cierta recuperación del mercado laboral, el informe subraya que el país enfrenta limitaciones estructurales en la generación de empleo formal, así como presiones derivadas del estancamiento de los ingresos y el aumento en los precios de bienes esenciales.
El estudio también expone que la estructura laboral hondureña se mantiene frágil, según la encuesta, el 67.03 % de las personas ocupadas tiene empleo asalariado, mientras que el 32.97 % trabaja por cuenta propia, una categoría que en muchos casos refleja actividades de subsistencia o informalidad. Además, cerca del 40.1 % de los desempleados lleva más de seis meses buscando trabajo, lo que evidencia dificultades para acceder a oportunidades laborales estables.
Otro indicador que evidencia la baja calidad del empleo es el comportamiento de los ingresos familiares, el mismo estudio de la UNAH encontró que el 41.77 % de los hogares reportó que sus ingresos se mantuvieron sin cambios durante el último año, mientras que el 31.85 % experimentó reducciones y solo una minoría reportó aumentos. Esta situación ocurre en un contexto de incremento en el costo de vida, especialmente en rubros como alimentación, transporte y servicios básicos, lo que limita el poder adquisitivo de los hogares y reduce el impacto positivo de tener empleo.
¿Nuevo rumbo?
En este contexto, el director del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAH, Héctor Figueroa, advierte que la reducción del desempleo debe analizarse con cautela, ya que no necesariamente refleja una mejora estructural del mercado laboral.
“En contextos como el hondureño, una disminución del desempleo no necesariamente refleja una expansión sostenida del empleo formal o una mejora estructural del mercado laboral, sino más bien procesos de absorción de la fuerza de trabajo en actividades informales o de baja productividad”, explicó el investigador.

El académico señaló que los datos de la Encuesta Permanente de Hogares muestran de forma consistente que más del 70 % de la fuerza laboral ocupada se encuentra en condiciones de informalidad, especialmente en sectores como comercio, agricultura y servicios, donde la demanda de mano de obra se concentra en actividades de baja calificación.
“En este panorama, la caída del desempleo puede ser el resultado de estrategias de supervivencia económica más que de un proceso de dinamización productiva y de generación de empleo formal”, agregó.
Migración
Figueroa también subraya que otro factor que incide en la reducción del desempleo es la migración internacional, particularmente de población joven en edad productiva; según explica, la salida de trabajadores del país reduce el tamaño de la fuerza laboral y, en consecuencia, disminuye la presión sobre el mercado de trabajo interno.
“La migración internacional de jóvenes actúa como un mecanismo de ajuste al mercado laboral interno; reduce la presión sobre el empleo disponible, pero al mismo tiempo evidencia las limitaciones estructurales del país para ofrecer oportunidades laborales”, afirmó.
Salarios precarios
El investigador sostiene que, en términos estructurales, el mercado laboral hondureño continúa caracterizado por baja productividad, salarios precarios, largas jornadas de trabajo y escasa generación de empleo formal, en ese sentido, advierte que el crecimiento de la informalidad sugiere que la aparente recuperación del empleo podría responder más a ajustes estadísticos y demográficos que a una transformación profunda de las condiciones laborales.
Asimismo, explicó que la fragilidad del mercado laboral hondureño se relaciona con la estructura productiva del país, marcada por la concentración de actividades de baja productividad como el comercio informal, la agricultura tradicional y los servicios personales.
“Estos sectores sí generan empleo, pero con escasa estabilidad y bajos niveles de ingresos, lo que limita la capacidad del mercado laboral para absorber de manera sostenida a la población que cada año se incorpora a la fuerza de trabajo”, indicó.
A esto se suman factores sociales e institucionales que profundizan la precariedad laboral. Según el investigador, más del 60 % de la fuerza laboral gana menos del salario mínimo, mientras que el promedio de escolaridad de la población hondureña se mantiene por debajo de los siete años de estudio, lo que repercute directamente en las oportunidades de inserción laboral.
Educación e inserción laboral

“Los niveles de desempleo y subempleo son particularmente altos entre jóvenes, mujeres y población con menor nivel educativo, lo que refleja problemas de inserción laboral estructural y una limitada articulación entre el sistema educativo y las demandas del mercado laboral”, puntualizó Figueroa.
Las investigaciones académicas de la UNAH también han señalado problemas estructurales en la relación entre educación y mercado laboral. Un estudio publicado en la revista Economía & Administración, titulado “Determinantes de la empleabilidad en el mercado laboral”, elaborado por Karoll Marisela Cerrato, Lilian Raquel Argueta y Julio César Zavala, destaca que el mercado laboral hondureño presenta desajustes entre la formación profesional y la demanda productiva.
Esta situación genera dificultades para que los egresados universitarios encuentren empleo acorde con su nivel de calificación y evidencia la limitada capacidad de la estructura productiva para absorber mano de obra calificada.
Cabe recordar que en distintos discursos de graduación, el rector de la UNAH, Odir Fernández, ha advertido que solo alrededor del 20 % de los graduados logra insertarse en el mercado laboral, lo que obliga a muchos a aceptar empleos fuera de su área de formación o incluso a emigrar en busca de mejores oportunidades.
Análisis desde el ámbito jurídico
Fernando Santos, coordinador de la Maestría en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social (oferta académica nueva en la UNAH y que abrirá su primera promoción en mayo de 2026), señala que el actual Código del Trabajo, vigente desde 1959, contiene conquistas históricas para la clase trabajadora, pero muchas de sus disposiciones han quedado desfasadas frente a las dinámicas económicas contemporáneas.
El jurista explicó que cuando las normas no se modernizan “tienden a relajarse o a tropicalizarse”, lo que debilita su capacidad de proteger derechos, a pesar de que el derecho laboral se rige por el principio de progresividad en consonancia con las convenciones internacionales de derechos humanos.
En este contexto, el especialista subrayó que uno de los principales problemas estructurales del país es la alta informalidad laboral, que ronda el 70 %, esta realidad limita el alcance de las instituciones laborales, afecta la recaudación tributaria y reduce la cobertura del Instituto Hondureño de Seguridad Social.
“La economía informal representa la masa laboral que más sufre los vejámenes del orden laboral”, advirtió, al referirse a la precariedad, la falta de contratos y la ausencia de protección social que caracteriza a buena parte de la fuerza de trabajo.
Santos indicó que mejorar la calidad del empleo requiere no solo reformas legales, sino también cambios en las condiciones económicas que permitan fortalecer el trabajo formal. En su análisis, el capital juega un papel central en la generación de empleo, por lo que factores como la inseguridad, la extorsión, la carga tributaria y la falta de incentivos a la inversión terminan afectando la creación de puestos de trabajo.
A ello se suman presiones económicas como el incremento del costo de la vida, las tasas de interés y los combustibles, que reducen el poder adquisitivo de los trabajadores.

Deterioro y endeudamiento
Santos también advirtió que el deterioro del ingreso laboral provoca un creciente endeudamiento entre los trabajadores, quienes recurren con frecuencia a créditos bancarios o cooperativos para sostener su consumo.
“Hoy por hoy los trabajadores caminan con más deudas que con ingresos”, afirmó, al señalar que muchas de estas obligaciones financieras se adquieren en condiciones poco favorables, lo que agrava la vulnerabilidad económica de las familias.
Finalmente, Santos destacó que el desafío del empleo digno no es exclusivo de Honduras, sino parte de una tendencia global marcada por cambios tecnológicos y económicos. En ese sentido, recordó las reflexiones del historiador Yuval Noah Harari, quien en su libro Homo Sapiens advierte que las transformaciones del trabajo en el siglo XXI podrían ampliar las brechas laborales si las sociedades no adaptan sus instituciones
El historiador israelí advierte que el mercado laboral en Honduras va a desaparecer en el año 2050, ante este panorama, Santos planteó la necesidad de impulsar reformas graduales que fortalezcan la formalidad laboral, con el objetivo de revertir la actual proporción de informalidad y garantizar derechos como contrato de trabajo, reglamento interno y acceso efectivo a la seguridad social.
Finalmente, los especialistas coinciden en que analizar únicamente la tasa de desempleo resulta insuficiente para comprender la realidad laboral del país. Para el director del IIS, es necesario evaluar el conjunto de indicadores que reflejan la calidad del empleo.



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