
Periodista: Elin Josué Rodríguez
¡Al menos 2.2 millones de hondureños podrían enfrentar inseguridad alimentaria! La crisis económica y el incremento sostenido del costo de los alimentos están obligando a miles de familias hondureñas a aplicar medidas de austeridad que impactan directamente su alimentación. En muchos hogares, la estrategia para sobrevivir consiste en reducir el número de tiempos de comida diarios o sustituir alimentos nutritivos por opciones más baratas.
Investigaciones desarrolladas por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) advierten que este fenómeno refleja las dificultades estructurales que enfrenta la población para cubrir sus necesidades básicas.
Investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS-UNAH) estiman que más de 6.7 millones de hondureños viven en condiciones de pobreza, de los cuales alrededor de 4.4 millones se encuentran en pobreza extrema, y cerca de 1.3 millones sobreviven con menos de un dólar al día.
De acuerdo con datos del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan-UNAH), entre el 40 % y el 45 % de los hogares hondureños han pasado de consumir tres tiempos de comida al día a solo dos, como consecuencia de la falta de ingresos suficientes y el encarecimiento de los productos básicos.
Christian Manzanares, integrante del equipo técnico del Observatorio, explicó que esta situación ya afecta a más de un millón de hogares en el país, reflejando el deterioro del poder adquisitivo de las familias.
“Nuestras estadísticas indican que entre el 40 % y 45 % de los hogares han pasado de tres comidas diarias a dos, debido a la crisis económica y la carestía de alimentos”, advirtió el especialista del Obsan-UNAH.
El peso de la alimentación en el presupuesto familiar
Los estudios del Observatorio también muestran cómo el gasto en comida absorbe cada vez más ingresos familiares. Una investigación realizada por el Obsan en 15 departamentos del país encontró que el 47.97 % de los hogares destina la mitad de su ingreso familiar a la compra de alimentos y un 31 % destina incluso más de la mitad, lo que reduce la capacidad de cubrir otras necesidades básicas como educación o salud.
La coordinadora del observatorio, María Luisa García, explicó que estos datos evidencian la fragilidad de la seguridad alimentaria en Honduras y la necesidad de generar información científica que sirva para orientar políticas públicas.
“Recopilamos datos estadísticos sobre la realidad que vive la población hondureña en seguridad alimentaria para que los tomadores de decisiones puedan utilizarlos en la formulación de políticas públicas”, señaló García.
Aumento del costo de los alimentos
A esta situación se suma el incremento constante en el costo de la canasta básica. Informes del Obsan indican que el precio de los alimentos registró una variación de 6.33 % entre enero y noviembre de 2025, lo que representa alrededor de 1,481 lempiras adicionales al mes para una familia promedio de cinco miembros.
Este aumento presiona aún más el presupuesto de los hogares y obliga a tomar decisiones difíciles para equilibrar los gastos familiares.
Estrategias de sobrevivencia
Ante la reducción del poder adquisitivo, las familias han desarrollado distintas estrategias de sobrevivencia: disminuir porciones de comida, sustituir proteínas por carbohidratos más baratos, eliminar alimentos como frutas o carnes del menú diario o priorizar la alimentación de los niños sobre la de los adultos.
Especialistas de la UNAH advierten que estas prácticas, aunque necesarias para enfrentar la crisis inmediata, pueden generar consecuencias a largo plazo en la salud y el desarrollo nutricional de la población, especialmente en la niñez.
La primera comida del día
Una de las comidas que los hondureños prefieren sacrificar es el desayuno, no obstante, la nutricionista y epidemióloga Ethel Flores, docente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), advirtió que el desayuno cumple un papel fundamental en la salud y el rendimiento; en el caso de los niños, influye directamente en su energía, concentración y crecimiento. Según explicó, durante la noche el organismo permanece varias horas sin recibir alimento, por lo que el desayuno permite reactivar el metabolismo y preparar al cuerpo para las actividades del día.
“Cuando un niño no desayuna puede presentar cansancio, irritabilidad y menor rendimiento escolar, también puede tener dificultades para mantener la atención y aumenta el riesgo de que consuma alimentos poco saludables más adelante”, señaló la especialista, al destacar que esta primera comida del día es determinante para el desempeño académico y el bienestar general de la niñez.
Flores explicó que, a largo plazo, la omisión del desayuno puede influir en problemas nutricionales, alteraciones en el peso y un menor desarrollo cognitivo, por ello recomendó que esta comida sea equilibrada e incluya carbohidratos, grasas saludables, proteínas y frutas, ya que una dieta variada, balanceada y suficiente favorece la nutrición, la salud metabólica y el adecuado desarrollo físico y mental de los niños.
Las proyecciones del observatorio indican que al menos 2.2 millones de hondureños podrían enfrentar inseguridad alimentaria, lo que significa que no tendrán garantizados sus tres tiempos de comida diarios, cifras que podrían aumentar por los efectos colaterales de la guerra en Medio Oriente.
Un desafío para las políticas públicas
Para los investigadores universitarios, el fenómeno de la austeridad alimentaria refleja problemas estructurales de la economía hondureña: bajos salarios, alto empleo informal y aumento del costo de vida.
En este contexto, los expertos consideran que la información generada desde la academia puede servir como base para impulsar políticas que fortalezcan la seguridad alimentaria, el empleo y el ingreso familiar.
Mientras tanto, para miles de hogares en Honduras, la austeridad dejó de ser una opción y se convirtió en una necesidad cotidiana para poder enfrentar las limitaciones económicas.



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